Una curiara navega en Araguaimujo / Foto: Alexandro Mendoza.

Justo en la entrada de Araguaimujo, cuando se viaja desde Tucupita hasta la selva deltaica, está un caño que solo se transforma como tal, una vez al año, cuando llega la crecida del río Orinoco. A este lugar le llaman “el chorro”.

“El chorro” pasó de ser un sitio para pescar,  a un lugar sexual. Fue así desde los años 90`s, cuando se dio el boom de la sexualidad sin tabúes. Fueron tiempos de libertades y libertinajes, y no tardó en extenderse hasta Araguaimujo, la comunidad warao más influyente en el estado Delta Amacuro.

Entre los meses julio, agosto y septiembre, cuando todo se inunda, la humedad se eleva y también la temperatura, pero hay un espacio a donde los vecinos acuden a liberar las tensiones.

Son jóvenes enamorados de la vida, y de sus novias, hay espacio para todos. Y aunque de pronto resulte chocante o exageradamente sexual, se trata de una práctica de encuentro ancestral con la persona a quien se quiere, como lo hicieron sus abuelos, sin que nadie cayera en la exacervación puritana.

Hasta el año 2012, Araguaimujo apuntaba ser la comunidad con más acceso a los servicios básicos. Sus estudiantes resultaban ser de los mejores preparados académicamente, así como sus deportistas, quienes desde siempre fueron los más destacados.

Al entrar al chorro, la corriente de agua es intensa, existe una leve pendiente, pero conforme se va adentrando, sus aguas dejan de ser turbulentas: se llega al espacio ideal para compartir. Cerca, a la orilla del riachuelo, están dos árboles, desde donde los más chicos se lanzan. Es la vida del joven warao en la selva.

En temporada alta, es decir, cuando la muchedumbre está en pleno en Araguaimujo, el chorro colapsa:

Avanzas en una curiarita y conforme vas adentro, solo ves cabezas de dos personas, parecen búfalos. Ellos juegan con el agua en sus bocas y luego la botan, se miran fijamente. Están en su mundo, al fondo, otras personas ya se besan.

  • Tatumajakotai, yori majubauae tubuya. Takore daisa, mate yori miatubuae tía. Bufalo munuka dijana. (Respecto a ellos, están abrazados, pero otros todavía se miran fijamente, parecen búfalos), relata un pescador warao que asegura- y se lamenta- no haber vivido su juventud a partir de los años 90`s.

Lo que era un sitio para la pesca, ya se ha convertido en un lugar turístico para los visitantes de Araguaimujo. Al final del chorro, el paisaje resulta esplendoroso. La diversidad natural se confunde con las muestras de amor y respeto por parte de sus habitantes. Todo se une en el chorro. Hay armonía.

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