Foto: archivo.

María Valenzuela es una madre soltera de 28 años de edad. Desde que salió embarazada, ha estado trabajando en una casa de familia para así costear sus gastos y la de su hijo, que tiene 5 años de edad.

Ella es de la comunidad de “Mukoboina”, una población indígena del municipio Antonio Díaz, localidad al sureste del estado Delta Amacuro.

Desde hace 13 años ha estado trabajando en una casa de familia, en el sector de calle La Planta, una localidad al norte de la capital deltana. No veía venir la devastadora crisis, pero ahora, con ella sobre su día a día, el reto vale por dos: afrontar la difícil situación venezolana y sacar adelante a su hijo.

La joven madre arribó al municipio Tucupita, con apenas 15 años de edad. Y a sus 23 años de edad salió embarazada. El chico no quiso hacerse cargo del bebé, por lo que ella ahora se levanta sola.

María Valenzuela dice ser un ejemplo de madre soltera que, pese a estar sola haciéndose cargo de su hijo, ha demostrado estar hecha de hierro, porque también confronta una de las crisis más severas de Venezuela.

A la semana le pagan 70 mil Bs, pero a diario cuenta con, al menos, dos comidas, que le proporciona la familia que solicitó sus servicios y esta aceptó. Cuando fue consultada acerca del trato que recibía, esta aseguró recibir un buen gesto de parte de los dueños de casa. Contrariamente, dice la joven madre, hubiese acudido a la radio Fe y Alegría y a Tane tanae, donde trabajan sus paisanos, a denunciarlos, (risas).

Varias indígenas waraos se han ofrecido a trabajar de domésticas en Tucupita, sin embargo, no todas corren con la misma suerte. Existen familias que las maltratan y estas, por desconocimiento de sus derechos humanos, temen más ataques y callan este tipo de violencia.

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