Un rinconcito en la urbanización Argimiro García Espinoza de Tucupita, mayormente conocida como La Perimetral, se ha convertido en la solución para los conductores, que coloquialmente hablando, se la pasan pelando.  

Un caucho 14” de marca desconocida puede costar entre 80 y 100 dólares en el mercado, mientras que el “doctor del caucho”, lo ofrece por el módico precio de 5.000 soberanos.

Todo comenzó cuando Wilmer Dicuru se consiguió una mina. En el antiguo basurero municipal se encontraban montañas de hasta 6 metros de altura con centenares de cauchos que fueron desechados durante las últimas cinco décadas.

De las mejores marcas y modelos como diría la cuña, llenos de chichones y retorcidos por el desgaste de tantos años sometidos a la intemperie, fueron desenterrados uno a uno, primero por las retroexcavadoras de la municipalidad, luego por intrépidos topos humanos, que a pesar de la hediondez y los gases asfixiantes se sumergían en los tumultos de desechos para extraerlos.

Luego, ya en la cueva de la calle del Sebin, haciendo uso de una sencilla técnica que consiste en inflamarlos con gasolina caliente, los reviven, los parchan si es el caso, y los instalan para que rueden hasta que el cuerpo les aguante.

Sin ofrecer garantías, con precios que varían según el grado de deterioro del neumático y el probable aguante, se tradujeron en la solución mas socorrida por los agobiados conductores deltanos.

Profundizando en sus conocimientos y siempre fiel al credo de sacarnos las patas del barro a un costo inimaginable, se inventó una nueva técnica que se basa en raspar el caucho hasta la lona y parcharlo si es necesario, para luego recubrirlo con la capa rodante de otro neumático, que a pesar de haber sido desechado puede aportarle un largo rodaje.

El “doctor del caucho” y su equipo de trabajo, dicen haberle solucionado el problema a centenares de personas, sin mayor retribución que un pago mínimo 20 o 30 veces menor que el de un caucho original.

En compañía de su familia, compuesta por su compañera y cinco hijos, día, tarde y noche en la pequeña cueva que pudo ampliar ocupando parte de la acera y la calle, los 7 días de la semana tiene siempre una solución a la mano para que nadie se quede sin rodar.

Muchos lo han copiado, sin embargo, dice ser el original, contando entre su distinguida clientela desde el mas empingorotado doctor hasta el más humilde taxista.

Y no tienes que esperar mucho, de la mañana a la tarde te resuelve, sin papeleo no factura fiscal, con su palabra basta.

Ver para creer.

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