Es bíblico, en medio de la crisis el pan se multiplica. El vino puede esperar, primero va el estómago.

Si la harina no rinde, hay que buscar la forma de que lo haga. Tanto en dinero como en cantidad, muchas canillas deben costar poco y viceversa.

Las medidas tomadas por el gobierno norteamericano al entregar la administración de las propiedades de Pdvsa en EEUU al presidente de la AN Juan Guaidó, ha hecho que el ejecutivo deltano tome medidas para que el alimento alcance.

La medida de la gobernadora no es radical ni absoluta, persigue congregar al gremio instándolo a producir mayor cantidad del pan más económico en aras de garantizar comida a la población.

El trigo es uno de los rubros que se importa en mayor cantidad y al provenir de socios confiables del actual gobierno, que en medio de la crisis se presume seguirán apoyándolo, es menester sacarle el mayor provecho.

El escenario es crítico, la supresión temporal de parte de los ingresos petroleros en la forma y modo que han venido ingresando durante decenas de años al país, nos coloca ante una situación muy crítica, un escenario jamás imaginado y sumamente complejo.

La gobernadora deltana comenzó a tomar medidas para forzar cambios, ¿de que otra forma podían mantenerse las panaderías sino fuera con las libertades que se tomaban en cuanto al uso que daban a la harina y la forma en que presentaban el pan?, ventajas que ahora pretende revocar.

Esa condescendencia tácita parece haber terminado, hay que garantizar el alimento y los dos primeros rubros que mitigan el hambre son el pan y la arepa.

Es bíblico y Lizeta lo sabe, aunque le haya dado por pelear con la iglesia.

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