El Frente Amplio deltano no termina de aterrizar.

Encarnado por los partidos más representativos de la MUD, se fue al otro extremo del espectro político, pasó de “La Salida”, instando a la protesta en las calles al de la reflexión y el debate en escenarios diversos en espera de que algún día mejoren las condiciones electorales brindándole mayores garantías a los factores de la oposición. De la agitación pasó a la inacción cuando el país parece reclamar una mezcla de ambas, una opción intermedia.

Asediado por las dudas, en espera de un desmoronamiento de lo que han denominado “El Régimen”, van dejando en manos de factores exógenos al mundo político y de una supuesta implosión generada por la crisis, la génesis del cambio que tanto anhelan. El camino sin camino.

Con un discurso que dice no ser abstencionista, aunque sin lugar a dudas lo es, se ubican en primera fila un conjunto de respetabilísimas personalidades de diversos gremios, caracterizados por la fiabilidad y seriedad de sus opiniones, sin ser en lo absoluto los agentes capaces de encender la voluntad de votar.

En un país donde la actual figura presidencial aglutina un 60% de rechazo, instan a mantenerse en una especie de reserva activa en los días previos a la contienda electoral lo que, como es natural, siempre han hecho y harán, por algo son analistas, pensadores, académicos, figuras referenciales. ¿No será más bien que estamos ante una muestra de la declarada incapacidad de la MUD de afrontar a unas elecciones -convocadas obviamente en desigualdad de condiciones-, en medio de una situación que debería motivar y materializar la intención de cambio de la gran mayoría?

El gobierno, a falta del carisma del comandante Chávez elaboró la estrategia electoral perfecta, mientras sostenía un presunto dialogo en RD invalidó la posibilidad de participar de PJ, para propiciar el regreso de un Borges frustrado que pretende arrastrar consigo en el marco de este nueva conformación de la MUD denominada Frente Amplio, una legión de personas descontentas sin percatarse que con ello anula toda posibilidad de triunfo de la oposición, restándole ánimos de votar a más de la mitad de los electores del país. Aparte de no ceder un milímetro de terreno a la otra corriente opositora integrada por Avanzada Progresista, el MAS, parte de COPEI y Soluciones, entre otros. Los intereses partidistas se ponen entonces por encima de los genuinos intereses del colectivo.

El gobierno logró abrir de nuevo una brecha en la oposición, algo que hizo a conciencia. No se le puede criticar, esta contra la pared, asediado por Trump y la Comunidad Económica Europea, cercado por los ingentes problemas de gobernabilidad que confronta el país, temeroso de que la oposición gobierne y los persiga, con un presidente con pies de barro, haciendo equilibrios para sostenerse, fungiendo de empalizada a una dirigencia atrincherada ante la presión internacional, juega a dividir lo que sabe hacer muy bien.

Mientras, la oposición se debate entre los guardianes de las tablas de la ley y aquellos que presienten que les llegó la oportunidad de conquistar los espacios que la capital desde hace mucho les niega.

Una diatriba compleja que reduce las opciones a dos: una inminente derrota en las urnas y la agudización de la crisis económica ante la declarada incapacidad del gobierno de generar soluciones efectivas en el corto y mediano plazo, o la posibilidad de obtener un resultado electoral que origine un cambio de presidente y se modifique la forma de conducir la nación en procura de obtener mejores resultados y salir del atolladero.

En el medio, como siempre nosotros, procurando mantenernos a flote, haciéndole frente a una descontrolada hiperinflación y a una masiva escasez de productos en los anaqueles, que no se parece a nada que hayamos vivido.

Hay quienes dicen que a los venezolanos les hacía falta un poco de este amargo remedio para reflexionar, modificar sus hábitos y actitudes, y dejar de vivir de las rentas, ¿será cierto?

 

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