El popular locutor Luis Rodríguez esta a la espera. El sueño de su vida padece una mudez absoluta víctima de un agente externo que lo despojó momentáneamente del riego sanguíneo; le quitó la luz y con eso la voz, que en términos radiofónicos equivale exactamente a eso, a la vida.

Han transcurrido dos semanas desde que una decisión del ejecutivo regional provocara la suspensión del suministro de energía eléctrica a la 97.5, sin informarle el por qué de la acción ni el tiempo que tomará la aparente sanción. “Oficialmente no me han dicho nada, lo único que sé es que la gobernadora quiere entenderse con el accionista mayoritario de la radio, un conocido empresario que se encuentra en estos momentos de viaje, supongo que de esa conversación depende el futuro del medio”.

A partir de ese momento, desde que supo que esa reunión habría de configurar el futuro de la emisora, lo único que impera en su mente cuales nubes oscuras preñadas de lluvia semejando un triste desenlace, son dudas.

No sería la primera vez que le ocurre algo parecido, años atrás padeció una situación similar en Cantaura viéndose obligado a abandonar la estación de radio en la que era, como de costumbre, el locutor de mayor sintonía, a instancias nada más y nada menos que del propietario, “era un ex alcalde que puso precio a mi cabeza sin importarle que a las puertas de la estación, el día que abandoné el programa, se agolparan cientos de personas para pedirle que me mantuviera al frente de la revista mañanera, mas le interesó el beneficio que pudo obtener, aun cuando la emisora después de mi partida jamás fue la misma”.

En Delta Amacuro mantuvo, para variar, un elevado rating, que hace que se note un vacio en las mañanas. “Agradezco al pueblo deltano su apoyo, en las buenas y en las malas han estado conmigo, me siento tan deltano como cualquier otro, en esta tierra me han brindado un cariño que intentó devolver con creces cada vez que voy al aire, los deltanos son únicos”.

Por ahora, descansa en compañía de su familia, unas mini vacaciones forzadas que lo han sumido en reflexiones de todo tenor, “la radio es mi pasión, siempre quise ser locutor y es lo único que he hecho toda mi vida, nunca hice cosa distinta y delante de los micrófonos moriré, solo espero que no me los quiten”.

 

 

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