El naufragio visto desde la mitología warao y otros datos históricos

Los waraos son un grupo de aborígenes asentados mayoritariamente en el Delta del Orinoco, al sureste de Venezuela. Durante las batallas ancestrales (antes de la colonización) que los indígenas tuvieron por alzarse con territorios en toda América, ellos se adaptaron rápido a los ríos, mares, al agua, como no lo lograron otras culturas amerindias.

De acuerdo con una estimación tomando como referencia el último censo oficial llevado a cabo en 2011 por el Instituto Nacional de Estadísticas, INE, hay unos 50 mil waraos solamente en el estado Delta Amacuro. Una gran cantidad de personas  dijo formar parte este pueblo aborigen durante los abordajes.

Existen trabajos antropolingüísticos llevados a cabo en el Delta, que refieren a que la palabra warao tiene al menos dos etimologías. Una, la que más se ha extendido, es que surge de la unión de los vocablos silábicos, wa-arao  (literalmente, canoa-dueño), que en castellano significa, “gente de canoa”. No obstante, el Padre Julio Lavandero (+), un religioso que durante más de 60 años vivió entre este grupo de indígenas, explica este punto desde sus propios estudios.

Lavandero explica que, en principio, los waraos arribaron al Delta a través de las Antillas, por lo que formarían parte de las primeras oleadas de los “indios taínos”. De acuerdo con su explicación, estos indígenas se asentaron en las costas deltaicas, donde abunda mucha arena. De manera que, en vez de “gente de canoa”, es decir “wa-arao”, sería “uaja- arao”, o sea, “gente de la arena”.

El Padre Lavandero incluso no se refiere a la letra W, porque explica que esta se incorporó al warao como un intento de los ingleses por añadir su idioma en tierras en disputas con España, después de la Colonia (ver ahora conflicto territorial por el Esequibo).

Para los waraos y, sobre todo para los indígenas en general, no existen las fronteras. Ellos ven toda la tierra libre, sin restricciones de algún tipo. Era lo que obviaban los waraos en tiempos en los que navegaban sin problema hasta Trinidad y Tobago. Fueron los primeros en establecer una relación comercial con la vecina isla. De este acercamiento surgieron  nexos familiares. Es por eso que en la mayoría de las comunidades nativas del Delta hay personas con pieles oscuras y otras características similares a los trinitarios. De hecho, los waraos vivieron en la vecina isla antes de la llegada de los españoles e ingleses. Varios lugares del archipiélago poseen nombres de este pueblo originario, como por  ejemplo, “Arima”, que en castellano significa, papá.

Los indígenas navegaban en pequeñas canoas hasta Trinidad y Tobago. Lo lograban acudiendo al espíritu del agua de nombre “nabarao”, que significa “dueño de las olas”. Hay varios de ellos en mares, océanos, lagos y ríos. Según los aborígenes, algunos son buenos y malos. Pero todos tienen una particularidad: se enojan con las mujeres que tienen la menstruación, quienes recién han dado a luz y las embarazadas.

Algunos abuelos lograron comunicarse con este espíritu, por lo que en ocasiones llegaban a acuerdos de beneficios mutuos. Estos tratos iban, desde calmar las olas durante la travesía hacia Trinidad y Tobago, hasta dirigirlos hacia un lugar donde se podía hallar una gran cantidad de peces durante la pesca.

El más reciente naufragio en el que una embarcación zozobró con 25 personas en Boca de Serpiente, ha sido vinculado con el nabarao; según la mitología warao, aclaran los indígenas que abordan su cosmovisión, más allá de las explicaciones científicas y tangibles que podría tener el hundimiento del bote.

Existen nabaraos que, al no tener vínculo con algún navegante y que en cuya embarcación vayan mujeres en estado, con la menstruación o que recién hayan dado a luz, este los ataca para llevarse sus almas una vez que fallecen. Normalmente son gente que le han fallado a la naturaleza.

Uno de los tres adultos mayores con los que se abordó el naufragio desde la mitología warao, insistió en que estas afirmaciones surgen desde sus creencias y que respeta las otras existentes,  incluyendo la explicación científica, por lo que no debe ser visto como un hecho.

Los waraos han navegado miles de kilómetros a lo largo de su existencia. Han convivido a plenitud con la madre naturaleza a quien le hablan, la abrazan, pero a veces ella los castiga cuando la hacen sufrir. Los indígenas han sabido conjugar lo real, lo científico, lo tangible, con su divinidad y conocimientos milenarios. Todo lo fusionan para crear un equilibrio de vida para intentar ser mejores seres humanos en lo terrenal, hasta que “Ka Nobo” (es el  Dios supremo que tiene diferentes nombres según tu religión) los llame a descansar.

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