El Nido

Juan José Jaramillo | Candidato a Cronista de la ciudad de Tucupita

Dos pajaritos, una hembra y un macho, hicieron su nido donde la pajarita puso sus huevos, los cuales cuidaba con mucho amor y paciencia, sentada sobre ellos para empollarlo y darle calor; se extasiaba pensando en sus polluelos y los veía en su imaginación volando libremente en el cielo azul y brincando de rama en rama en el bosque; iba a ser una madre muy cariñosa con sus hijitos.

Eran tres hermosos pajaritos que enseguida identificó como una pajarita y dos pajaritos, que inmediatamente comenzaron a piar pidiendo alimento, enseguida alza el vuelo y va en busca de gusanitos y otras clases de insectos para alimentar a sus crías. Como el alimento era abundante, las crías fueron creciendo rápidamente y comenzaron a salirle las plumas y a pararse dentro del nidito. La pajarita se asombra por la orilla del nido y observa como su madre alzaba el vuelo y se desplazaba rápidamente hacia el bosque y comenzó a pensar y desear volar hacia el azul del cielo que veía desde su nidito.

Un día que la madre salió en busca de alimento, al regresar miró alarmada el nidito y observó que le faltaba una de sus crías, y desesperada comenzó a llamarla piando de rama en rama, hasta que la encontró unas ramas más abajo, golpeada, maltrecha y asustada. Se había caído del nido, porque deseaba volar como su madre sin haber aprendido las lecciones básicas de vuelo, el sentido de las corrientes de aire para planear, tomando las corrientes ascendentes y descendentes de los vientos, las cuales se utilizan para disminuir el gasto de energía y poder volar sin dificultad, conocer cuando los vientos del norte soplaban y los vientos alisios y contra alisios se desplazaban con las velocidades adecuadas para hacer más fácil el desplazamiento a través de ellos; no sabía evitar los peligrosos de los gavilanes en busca de su presa; no sabía detectar los cambios atmosféricos que anunciaban lluvias y tempestades que pronto se desatarían; desconocía como debía mover las alas para un despegue y aterrizaje en cualquier rama o sitio donde quisiera pararse; y lo más importante, a la pajarita no le habían crecido sus alitas para que pudiera volar. Todo esto pensaba la madre, mientras recogía a su cría y la devolvía al nidito, al lado de los otros pajaritos.

Cuantos hijos se comportan como la pajarita de nuestro cuento, quieren aprender a volar solos por la vida sin el debido aprendizaje, se tornan rebeldes con los padres cuando estos les dicen y los aconsejan que deben aprender primero las lecciones de vuelo, y esperar el tiempo para que se le desarrollen sus alitas, estudiar las direcciones en que soplan los vientos para poder saber el rumbo que van a tomar. Un buen día cuando han adquirido el aprendizaje necesario y sus alas se han desarrollado, podrán abandonar el nido y salir a volar libremente, en busca de su destino.

 

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