En las calles de Tucupita se teje el mito de la existencia de un nuevo “Torombolo”.

Un líder del bajo mundo, que ejerce un dominio manifiesto de la ciudad.

Una especie de capo regional, que controla casi todas las actividades delictivas de cierto peso que se desarrollan en el Delta, con vínculos estrechos con barones de corte similar en el oriente del país.

Un sujeto muy poderoso, cuya peculiaridad reside en que a diferencia de sus predecesores, tiene conexiones con todas las clases de la sociedad, altas y bajas, tanto con los de arriba como con los de abajo, incluyendo la clase política.

El papa de los helados, que pretende arraigar prácticas delictivas, que aun no han podido calar de manera expansiva en nuestros predios.

Un “duro” que no teme a poderes, rangos ni influencias, y que no duda en llamar personalmente a quienes osan ofenderlo.

El rumor, como la mala hierba, pica y se extiende, sin que sepamos hasta qué punto es realidad.

El “man” tiene nombre, está en boca de todos, por tanto, huelga mencionarlo. Que sea otro quien se atreva.

Nota del editor: nuestros más sentidos respetos a la memoria del difunto “Torombolo”, quien a pesar de los comentarios que se tejían sobre su persona, mantuvo siempre una actitud deferente y amable hacia nosotros. Disculpas a su familia por haberlo mencionado, fue un recurso periodístico por tratarse de una persona que adquirió gran notoriedad en la sociedad deltana.  

  

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