Una parada de autobuses / Tanetanae.com.

La señora Ingrid Marcano tiene 46 años de edad.  Labora en una institución pública, en el centro de la capital deltana. Por eso, intenta estar desde muy tempranas horas de la mañana, en la parada de autobuses de su sector, para arribar a su lugar de trabajo.

Ella vive junto a su hija y un hermano, en Guasina de Tucupita. Por suerte, la señora logra tener su desayuno preparado antes de salir de su casa, aunque eso implique tener que madrugar. Es su rutina diaria, en su intento por estar “a tiempo” a su sitio de labores.

Ingrid tiene que lidiar con un cuestionado servicio de transporte público, que, a su juicio, es “pésimo”.

  • Casi no pasan los autobuses, por eso tengo que pararme muy temprano, y esperar varias horas en la parada. Es pésimo.

A sus 46 años de edad, la carencia de unidades autobuseras en su sector, la ha obligado a tener que caminar hasta el centro de Tucupita, incluso, regresarse por el mismo medio.

La señora teme ser víctima de los ataques delictivos. Ella admite que el peligro es inminente, y aun así, se arriesga.

  • La inseguridad se ve a cada rato, hace una semana pude ver en la parada, que un chamo le apuntó con una pistola a una joven para robarle.

Se trata de una rutina que expone su vida en peligro, pero tiene que hacerlo para “ganarse” la vida, en plena coyuntura venezolana.

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