El sargento segundo Karl José Sosa Mejías (30), sería el homicida de Henry José Guzmán Rodríguez (35). Proveniente de la Escuela Técnica de la Armada, se especializó en el área de Blindados.

Oriundo de Catia La Mar, estado Vargas, residía actualmente en Caracas.

Según la División de Victimas Especiales del Cicpc, el móvil del crimen fue el robo de sus pertenencias, encontrándosele dos celulares, dos televisores y prendas de ropa propiedad de la víctima.

Su complexión física hace presumir que contó con algún tipo de ayuda para trasladar el cuerpo de Guzmán, desde el apartamento en que vivía en Baruta, hasta el sector en que lo liberó, un barranco aledaño a un tramo de la carretera vieja Caracas-La Guaira. Mientras que Sosa es un hombre delgado, la víctima era una persona voluminosa de peso razonable.

Supuestamente evangélico, su aparente filiación cristiana pudo haber contribuido a que se ganara la confianza del director de la ONA, que era Pastor evangélico.

Sosa fue asignado recientemente al Dgcim, plaza que facilitó el contacto con el deltano.

Según un funcionario policial consultado, presenta algunos de los rasgos característicos de los consumidores de estupefacientes.

Con pareja estable y un hijo de un año, disfrutaba de aparente estabilidad emocional.

Todas las coartadas que le servían de fachada se cayeron el pasado sábado 18, cuando hizo su aparición un frío asesino. Huelga decir que debe purgar una larga pena.

Los que alguna vez celebramos la promoción de Henry a su investidura nacional, hoy nos sentimos tristes, su calidad humana, la entrañable humildad que exhibía, la actitud sencilla y confianzuda, y el acusado sentido de la responsabilidad y el cumplimiento del deber, lo llevaron muy lejos, sin embargo, también contribuyeron a su inesperado final.

Fue un hombre de Dios que siempre creyó en la redención del prójimo y lo amo como a sí mismo. Eso, sin lugar a dudas, lo hizo descuidarse. El Altísimo habrá de recompensar hondamente su vida dedicada al servicio de los demás.

 

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