Jesús Jiménez /Foto: Radio Fe y Alegría.

Una mordedura de serpiente terciopelo en la isla de Tobejuba, que lo puso al borde de una amputación de su pierna derecha, hizo que él decidiera  estudiar medicina: “la hermana Paula me dijo, oye tienes que estudiar para ser médico, me dijo mientras bromeaba, y recuerdo clarito su risa entre bromas”, relató el Dr. Jesús Jiménez, quien terminaría siendo el primer médico warao.

Tobejuba es una isla situada a orillas del océano Atlántico en el Bajo Delta, caracterizada por arenas, y una extensa vegetación donde la vida silvestre, y el crecimiento de árboles frutales, es una regla.

No conocía la medicina convencional y tampoco sabía que existía una carrera, y menos había escuchado hablar de “universidad”.

Tenía 11 años cuando su familia lo llevó a la isla a buscar “corobisoro” (fruta agria nativa de la zona)  y mientras estaba en el monte, una serpiente terciopelo lo sorprendió. Su veneno hizo que se inflamara una pierna, por lo que tuvo que ser trasladado a una medicatura.  El hospital más cercano estaba a seis horas de distancia, era el de San Francisco de Guayo. Allí estaba la Hna. Capuchina Paula quien sería a la postre, la persona clave en su selección de carrera universitaria.

En su infancia recuerda haber visto a gente con tos, desnutrida, pálida y algunos fallecieron: yo no sabía que era TBC – tuberculosis – , yo pensaba que era brujería, recuerda Jiménez.

Al recordar sus primeros años de vida, remonta su existencia a una población que ya no existe, pero que estaba ubicada en un obstruido caño de nombre Jereina, cuya población adoptó el mismo nombre: Jereina en territorio de la parroquia Padre Barral, municipio Antonio Díaz, un sector del Delta Medio.

Jereina era un caserío habitado por waraos errantes que se movían entre la actual Bonoina y la misión de Araguaimujo, a cargo de los Frailes Capuchinos. Para ese entonces, la comunidad de Araguaimujo era un espacio deshabitado: la presencia de personas se reducía las adyacencias de la Misión religiosa.

Es el quinto de los hermanos vivos, porque otros fallecieron en complicaciones de parto. Esto lo convirtió en el bordón de la familia, antecedido por Fuencisla, Purificación, Wilfredo, y Esperanza, sus hermanos mayores en orden descendente.

Su padre, Buenaventura Jiménez, se casó con Eusebia Monagas, ambos se conocieron en la Misión de Araguaimujo, él, de la comunidad Orinanoko y ella de Jereina, dos asentamientos muy distantes.

Eusebia Monagas se desempeñaba como maestra, por lo que Jesús tuvo los primeros contactos con los libros, y cuando pensó que se quedaría en Araguaimujo, su mamá es trasladada como maestra a Diarukabako, población warao en el corazón de la selva deltaica.

Después del cambio de residencia, su hermana Esperanza Jiménez, que ya vivía en San Francisco de Guayo, pidió el traslado de su hermano menor a su lado. El destino insistía en acercarlo a la academia porque en Guayo estudiaría los primeros grados de manera formal.

“Yo he promocionado a los waraos, y hasta ahora ninguno ha servido”

Después de salir de sexto grado, sus padres conversaron con Monseñor Argimiro García, para que le diera oportunidad de estudiar en una de las escuelas de los Capuchinos en Caracas,  pero su Excelencia se resistió porque estaba decepcionado.

“Yo he promocionado a los waraos, y hasta ahora ninguno ha servido, pero bueno, voy hacer el último intento”, fue la frase que pronunció García, y Jiménez todavía recuerda la sensación que describe “como un látigo en la espalda, porque dolió escucharlo”, confiesa.

Su familia lo trasladó hasta Barrancas del Orinoco, de allí se subió a un bus que lo condujo hasta la capital.

La UCV la casa de los sueños azules

Después de graduarse de bachiller, saltó a la Universidad Central de Venezuela, pero antes se las jugó con las opciones que ofrecía el Consejo Nacional de Universidades, CNU: en las opciones coloqué medicina en la primera, medicina en la segunda, y medicina en la tercera”, relata Jiménez.

Allí conoció a Fany, quien fue su primera y única novia durante varios años, y en enero de 1993 se casaron, y cinco antes, ya Jesús se había hecho médico, es decir, en 1988.

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