El sueño inconcluso de Chávez: Proyecto Integral de Desarrollo Agrario Delta Orinoco no termina de arrancar

La granja de gallinas ponedoras, debido a su ubicación en isla de Guara, dejó de pertenecernos. La asumieron varios concejos comunales de Monagas y la producción de huevos va orientada a satisfacer las necesidades de esa entidad.

La cárnica se encuentra, desde hace mucho, en un 60% de avance, padeciendo el trance de ver como se recomienzan las obras y se paralizan al cabo de un tiempo, con el añadido de que parte de los materiales y maquinarias que van siendo instalados son hurtados y deben ser repuestos una y otra vez.

La arrocera es un gigante elefante blanco sin procesamiento de arroz a su alrededor, y sin perspectivas de que se desarrolle la producción del rubro en lugar alguno del Delta.

Todas han sido y siguen siendo, de una forma u otra, victimas de vándalos que roban cuanto pueden de sus entrañas. Como no nos identificamos con ellas, con el objetivo que persiguen, poco nos duelen.

En nuestro caso, por más que nos empeñamos en ver el escenario desde otra óptica, en forma distinta, es difícil ser optimistas y positivos.

La cantidad de dinero que se invirtió y los años empleados en ponerlas a producir, no fueron suficientes para tenerlas listas cuando más se las necesitaba; en plena crisis alimentaria yacen inacabadas o dormidas.

Es un drama que se muestra crudo ante nuestras ojos, sin poder concluir si algún día llegarán o no a funcionar. Sería un consuelo saber, que al menos servirán a las futuras generaciones en un tiempo relativamente menor que el que le ha tomado en convertirse en algo útil a los canales de Manamito o a las tierras del Ceipa o al propio muro de contención. Las obras de la quinta se suman ahora al inventario de obras de la cuarta, que aún no ofrecen el provecho que se supone habrían de generar.

Al día de hoy, sin recursos ni capital para culminarlas, corriendo el riesgo de ver enmohecer sus infraestructuras, nos hacen dudar de una cuidadosa planificación que en un mínimo dos quinquenios nos convertiría en el tan cacareado “granero del sur”.

Es una pena, en algún momento, durante la primera mitad del siglo XX, fuimos los productores del agro más destacados del país. Ahora, en las dos primeras décadas del siglo XXI, somos los depositarios del sueño inconcluso de Chávez.

Ese y no otro, llevarlo a feliz término, sería el mejor homenaje que podrían rendirle. El comandante reposaría tranquilo en el sepulcro.

 

 

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