La figura de Elina Cotúa adquiere una nueva dimensión tras su trágica muerte.

Detalles que permanecían olvidados afloran destacando prácticas enaltecedoras.

En palabras de un enfermero indígena, “a quien primero le pagaba era a los waraos, estaba consciente de que debíamos regresar a los caños y se tomó nuestro pago como una cuestión de principios, los demás tenían que esperar, una o dos días pero debían esperar, luego de eso no recordamos a nadie que lo haya hecho”.

La Dra. Cotúa recibió durante su primer año de estudios en México, una beca que la honraba como la mejor estudiante extranjera durante ese periodo en aquel país, hecho que enalteció la figura de los estudiantes venezolanos y que motivo la visita del embajador venezolano en tierras aztecas de ese entonces a su residencia a entregarle personalmente un reconocimiento, “te felicito por haber venido a esta gran nación con la voluntad de estudiar, son muchas las distracciones y las hiciste a un lado para consagrarte al objetivo que te trajo hasta aquí, que fue el de ser la mejor medico posible, eres un ejemplo para todos tus iguales y un motivo de orgullo para nuestra tierra”.

La égida de Elina no se remitió únicamente al Delta, dejó huellas por donde pasó, de su profesionalismo y calidad humana guardan gratos recuerdos en Táchira, donde fuera directora del hospital central, en los estados Sucre y Monagas en los que dirigiera la salud, y por supuesto en su tierra natal Delta Amacuro, en la que ocupó la gerencia de la salud en dos etapas, así como la dirección del hospital Dr. Luis Razetti y de otros tantos entes de la salud pública.

Su notoria intranquilidad y sentido de independencia la llevó a mantenerse siempre activa para sostenerse y vivir dignamente, pensaba que su entrega al prójimo la inhibiría del peligro que recorre nuestras calles, creía que jamás sería agredida mientras ejerciera de taxista sin considerar que la delincuencia no muestra respeto alguno por las personas ejemplares y merecedoras de encomio, ni por edades o discapacidades.

A 15 días de su muerte y a 10 días de haber sido encontrado su cadáver, un país convulsionado hace las veces de distracción para que la investigación del homicidio pase a un segundo plano retrasando la entrega de resultados tangibles a sus familiares y al colectivo, que anhelan encontrarle sentido a la angustia generada por su triste ocaso.

El Cicpc ha prometido resultados, ha reiterado que las investigaciones van bien encaminadas y afirma que pronto habrá una resolución policial.

Promesas que tardan en cumplirse y heridas que tardan en cerrar.

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