El Delta más que feudo de waraos parece tierra de amazonas. Nuestras féminas simulan ninfas guerreras ensilladas en briosos potros alazanes con pretensión de gobernar en forma absoluta y total sobre hombres imbuidos de pasividad y mansedumbre.

Por un lado Yelitza y Lizeta, que aun cuando guarden las formas tienen al soberano sometido a un clima tal de ansiedad, que el primer bocado de todas las mañanas son los episodios de la épica batalla que sostienen hace largo tiempo.

Por otro Larissa y Verónica, cuya rivalidad no deja a nadie indiferente, es una especie de tsunami que amenaza con llevarse por delante todo lo que huele a oposición: o estás conmigo o estás contra mí.

Atrás quedaron los tiempos de los hombres de pelo en pecho del MAS, siempre prestos y dispuestos a levantar el hacha de la guerra, y la suave contraposición de Emery, una especie de Don Teflón al que parecía resbalarle todo.

Los cuatro ases de la baraja: Lizeta, Yelitza, Verónica y Larissa, son de armas tomar, con discursos efervescentes, dotadas de inteligencia natural, con la sagacidad y astucia connaturales al mal llamado sexo débil, intuitivas a más no poder, y con un enorme deseo de conducir la carreta de nuestro gobierno.

Cabe aclarar algo, no es que los hombres deltanos no tengamos pantalones, parece que estamos ante una convergencia planetaria que favorece el predominio del signo femenino y nos coloca en posición desventajosa, algún día habrán de variar las constelaciones y entonces la historia será otra.

Por cierto, ese día se ve lejos.

 

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