A pesar del temor que reinó en horas de la mañana de este miércoles 23 de enero, acerca de la posibilidad de que hubiera la intención manifiesta por parte de las autoridades de impedir el paso de las dos marchas convocadas por la oposición, sucedió lo contrario en Tucupita.

Uno de los grupos salió desde la avenida Orinoco, mientras que el otro lo hizo desde la redoma de la Texaco, encontrándose poco después de las 10 am en el centro de la localidad.

Muy temprano las boca calles de la ciudad, en especial las que conducen a la plaza Bolívar, amanecieron cerradas por cordones humanos conformados por uniformados pertenecientes a los diversos cuerpos de seguridad.

La acción presagiaba lo peor, al observar el blindaje y los escudos tanto de los funcionarios policiales como de los GNB, apertrechados con equipos antimotines y dispuestos en forma de barrera con reforzamiento doble, se pensó que pretendían a toda costa frustrar la pretensión de las columnas humanas de llegar hasta la plaza Bolívar.

Curiosamente sucedió lo opuesto, a cada solicitud de paso estos cedían gentilmente abriendo espacios para que los caminantes continuaran camino a su objetivo que era encontrarse y fusionarse.

La misma escena se reprodujo en cada acceso serenando los ánimos de la población y permitiéndole desplazarse sin mayores traumas ni reclamos.

Esa actitud condescendiente contribuyó en mucho a que los deltanos protestaran en paz y concordia, sin chocar con los manifestantes pro gobierno que enarbolaban las banderas del antiimperialismo y la adhesión al proceso revolucionario.

Fue curioso observar a funcionarios de los órganos de inteligencia haciéndose pasar por disgustados ciudadanos con los celulares pegados al oído sin interlocutor que les hablara, mientras registraban las imágenes de lo acontecido. Cada vez le resulta más difícil guardar las formas y ocultar su trabajo en nuestra ciudad.

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