Reconocer los errores es básico en todo ser humano, quien no lo hace termina aislándose de los demás, no crece ni deja crecer a las personas de su entorno.

Es tan dañino incurrir en ese pifia, que al no hacerlo y persistir en una conducta determinada, terminamos equivocándonos una y otra vez, cada una peor que la otra.

Muchas veces por no reconocerlo terminamos haciendo el ridículo. Conozco personas que piensan que si reconocen que se han equivocado los van a tomar por tontos o van perder poder y prestigio, cuando funciona exactamente al revés.

Quienes se atreven a reconocerlo son más queridos y valorados por sus semejantes, se ponen a la altura de los demás, al nivel de las personas que van rectificando y mejorando su conducta precisamente por aceptar que no hicieron lo correcto y deben cambiar.

El poeta británico Alexander Pope, expreso hace mucho “errar es de humanos, perdonar es divino y rectificar es de sabios”.

Nadie es perfecto y todos, sin excepción, nos equivocamos infinidad de veces. Es importante saberlo, porque es el punto de partida para comprender que reconocer que nos equivocamos es tan normal como equivocarse. Una cosa debe ir de la mano con la otra.

Es un acto de madurez, el niño caprichoso al que le celebran cualquier impertinencia y le dan siempre la razón termina siendo un ogro o un pequeño monstruo que intentara siempre y a toda costa imponer su criterio, aunque con ello se dañe a sí mismo o perjudique a los demás.

Por estar bajo el mando y el dominio de políticos que se cree que son perfectos y nunca se equivocan, sus seguidores le sonríen todas las gracias y le aplauden todos los mimos, sin saber que nos van arrastrando hacia el despeñadero.

Lo mismo pasa en las empresas, la equivocación de un gerente al momento de tomar una decisión de vital importancia para su marcha sin rectificar a tiempo, puede conducirlas a la quiebra. Una inversión de recursos mal encaminada las empujará al fracaso.

Con las instituciones públicas es peor, las equivocaciones de sus directores o conductores las pagamos todos, y si persisten en ello, pueden afectar seriamente el normal funcionamiento de una nación.

Por fortuna, somos seres inteligentes con una palanca de cambios tan o más eficiente que la de un vehículo, tenemos la posibilidad de acelerar, desacelerar, neutralizar e incluso dar reversa a nuestras acciones. Hemos venido al mundo con un sistema completo, que incluye la posibilidad de desandar los pasos y volver a la senda adecuada, antes de perdernos definitivamente en el camino.

El que no se equivoca jamás aprenderá, y el que no sabe reconocer que se equivocó, será objeto de burlas, rechazo, indiferencia, y difícilmente tenga éxito en la vida.

Reconozcámonos imperfectos, entendamos que somos iguales a los demás, y demos un paso adelante aceptando sin lugar a dudas nuestras equivocaciones y habremos dado un salto de gigantes en la travesía hacia el pleno crecimiento personal. Lo contrario será el vacio.

 

Loading...