Ilustraciones de Joine Ramos / Tanetanae.com.

Su única experiencia había sido en Tucupita, una localidad donde todavía se podía generar ingresos monetarios por medio de sensuales entregas nocturnas. Pero ahora estaba en una habitación a media luz, con música de fondo y un intenso olor a cigarrillos, en Trinidad y Tobago.  La puerta que estaba en frente se abrió y vio venir a un hombre sin camisa. Ella se puso nerviosa, como si se tratara de su primera vez.

Mariana tiene 22 años de edad. En 2014 se graduó de técnico superior universitario en turismo, en la universidad “Francisco Tamayo” de Tucupita. Desde los 18 años de edad se dedicó al trabajo erótico. De eso dependió para apoyar a sus hermanitos, a quienes ayuda para sentirse tranquila. No quiere que tomen decisiones equivocadas, no como ella. Ahora se culpa, pero en el fondo, está en paz.

Cuando ella tenía 15 años de edad, fue abandonada por su mamá junto a sus dos hermanitos. El papá había  muerto antes. La madre, la señora Olivia, terminó casándose con el alcohol tras haber  perdido a su esposo. Los días de sufrimiento para los tres huérfanos  transcurrieron en la carretera nacional de Tucupita, en una casa de zinc.

Mariana hizo amigas, a quienes veía salir por las noches con estrambóticos maquillajes, en el que el rojo sobresalía, sobre todo en los carnosos labios que ellas mostraban con orgullo.

  • Cuando cumplas tus 18 años te estrenaremos mija, para que tengas donde caerte muerta, por ahora podemos meternos en problemas con la ley.

Mariana cumplió los 18  años de edad. Pronto su ropa nocturna era apenas unas mallas oscuras que cubría todo su cuerpo y que solía acompañar con alguna ropa interior. No debía ir muy lejos para ponerle precio a su cuerpo: ella mide 1,63 de estatura. Su color de  piel canela y pelo negro liso, la cotizaba más.

  • ¿Para dónde vas?, le preguntó el mayor de sus hermanitos, que en esa oportunidad tenía 14 años de edad.
  • Me voy a trabajar.
  • ¿Pero, por qué siempre de noche?
  • Porque a la gente le gusta tomar de noche.

Mariana había convencido a sus dos hermanos de estar trabajando en una licorería, en el centro de Tucupita. Para eso, había decidido salir cada tarde, temprano. A esa hora realmente iba a casa de una de sus compañeras de trabajo, para aguardar hasta que llegara el momento indicado y vestirse lo más sensual posible.

Nunca tuvo el valor de enfrentar a sus hermanos y  decirles la verdad. Se trató de un secreto a voces. Ahora sabe que ellos siempre lo supieron, pero quisieron apoyarla con  su silencio.

Los clientes fueron disminuyendo y el pago que recibía por cada encuentro, también. El local cerró, y con él, el trabajo de Mariana.

  • Nos vamos a dedicar a otras cosas, les dijo a todas las trabajadores, el dueño del negocio clausurado.

Medios de comunicación de Trinidad y Tobago ya comenzaban a minar sus primeras planas con  el inusual arribo de venezolanos a ese país, a través del puerto de Cedros, en el año 2017. La crisis del país petrolero recrudecía más, mientras miles de sus  habitantes decidían embarcarse en un catamarán,  para sumarse al fenómeno migratorio que, en principio, llegó a calificarse como, “una moda”, pero que posteriormente terminó con una de las políticas más severas de control, que ahora incluye un visado para los criollos.

Mariana aprovechó las  primeras oleadas. Convencida de que podía sacarle más provecho al trabajo que ya había decidido llevar a cabo, pronto estuvo en Trinidad y Tobago. Allí le recomendaron que, la localidad de Chaguanas, sería la más apropiada.

Ahora ganaría en dólares, atrás dejó el devaluado bolívar, con el que los días de hambre había regresado en Tucupita. Mariana tenía en mente seguir ayudando a su única familia en Venezuela: sus hermanos menores. Por ellos se arriesgó. Ella es la mamá, esa con la que contaron por muy poco tiempo, pero la quisieron y la quieren, a pesar de  haberla visto salir por última vez en medio de una intensa lluvia de mayo.

Chaguanas ahora era la nueva ciudad en la que Mariana debía sobrevivir y enviar dinero a Venezuela.  Apenas conocía un inglés muy elemental con el que no lograba entablar una conversación fluida. Pero una trinitaria, familia del propietario de un centro nocturno, hablaba español y fue quien finalmente la ayudó para que trabajara.

El dueño del bar, donde clandestinamente funcionaba un lugar de encuentro erótico, le pidió a Mariana que se tiñera el pelo de rubio, como sugerencia. De esa manera despertaría más interés entre los sedientos hombres.

La noche comenzó a la una de la madrugada de un sábado. Ella había empezado a servir tragos entre las mesas, desde las 10 pm del viernes. Mientras lo hacía, pensaba en su familia, pero también en las advertencias que le habían hecho saber unas mujeres cubanas, con las que hizo amistad.

  • Debes cobrar lo más caro posible si no te sientes segura con el posible cliente.

Eran las 12 de la medianoche y Mariana no había parado. Sus pies, que estaban sobre incómodos tacones, le dolían. Pero no podía sentarse, así lo había exigido el dueño del bar.

Ella rogaba a Dios que todo saliera bien. La música sonaba casi a todo volumen, mientras todo tipo de luces se movían y parpadeaban por doquier.

  • How much is it? Como si se tratara de cualquier objeto, eso fue lo que le preguntó un hombre de piel oscura, de unos cuarenta años de edad, calvo y corpulento. Y aunque Mariana por lo menos entendió lo que le preguntaban, prefirió llamar rápido a su traductora.
  • Te preguntan que, cuánto cobras.
  • El jefe me dijo que 500 TT por media hora.

La traductora se acercó al oído de aquel hombre y tras conversar brevemente, ya habían acordado qué precio le pondrían a Mariana.

  • Niña, ya está. Él va a pagar y luego va a tu habitación.

Mariana caminó hasta el fondo del bar por un largo  pasillo iluminado con un rojo tenue. Atravesó por varias cortinas, hasta llegar al cuarto que le asignaron. Se sentó en la cama y esperó a su cliente. Estaba en una habitación a media luz, con música de fondo y un intenso olor a cigarrillos.  La puerta que estaba en frente se abrió y vio venir al hombre sin camisa. Ella se puso nerviosa, como si se tratara de su primera vez.

La chica se llenó de valor y actuó. Era como un cadáver que debía moverse, porque no sentía placer real, nunca lo ha sentido en este trabajo. Él la besaba por todo su cuerpo, mientras ella quería que todo acabara rápido. Pronto vio aquel enorme pedazo de carne oscura, que en principio le costó manejar. Todo marchaba bien, hasta que el trinitario comenzó a golpearla.

Ella creyó que no se intensificaría y siguió actuando. Pero los golpes fueron más contundentes. Mariana comenzó a gritar e intentar escapar de sus brazos. Nadie la ayudó. No sabía si la podían escuchar. Siguió forcejeando sin éxito, y aunque el hombre ya no la golpeó, continuó penetrándola con bruscas embestidas.

Han salido los primeros rayos del sol. Esa misma madrugada Mariana renunció al trabajo en el bar y  pagó un hotel cercano. Ya se ha visto en el espejo y tiene moretones en su rostro. Nunca le pagaron nada, tampoco reclamó dinero alguno.

Mariana regresó a Venezuela. Ahora pide disculpas a las mujeres venezolanas de haber sumado a la estigmatización de otras criollas en Trinidad y Tobago. Pero no se arrepiente de lo que hizo durante varios años para sobrevivir junto a sus hermanitos.

Los dos llegaron a graduarse de bachilleres, pero los tres decidieron tener una nueva vida en Perú, desde julio de 2018.   Tuvo que convertirse en una madre protectora desde muy niña y está dispuesta a entregar su vida por lo único que le queda en la vida: sus hermanitos.

De pronto la acomplejada sociedad nunca comprenda a Mariana, ni la justifiquen, ni la perdonen,  pero ella ya está vacunada ante cualquier argumento que ataque  lo que algún día decidió hacer. Está tranquila, vive en paz para sus adentros.

 

El nombre de la protagonista de esta historia fue cambiado. La joven dice que poder haber contado su experiencia, le ha dado más tranquilidad. Siente que se ha desahogado. Este post fue producto de largas conversaciones vía WhatsApp. Se obviaron mayores detalles sexuales explícitos.  

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