Por: LG (Aobonona Eku Pub.)

La crisis venezolana ha causado la salida de miles de coterráneos, incluyendo numerosos deltanos, que ven como una oportunidad mudarse a la vecina isla de Trinidad y Tobago.

Al principio les prometen ayudarlos a conseguir trabajo para que tengan una mejor calidad de vida y puedan ayudar a sus familiares, sin embargo, en gran medida en el caso de las mujeres, terminan siendo explotadas sexualmente obligándolas a prostituirse.

Son víctimas de una red de criminales que se dedican a la trata de personas, que se encargan de llevar a las mujeres a bares y clubes nocturnos en busca de clientes, mientras más joven sea la mujer mayor es el precio.

Por una sesión de 30 minutos los traficantes cobran 300 TT, las tarifas se duplican a 600 TT por una hora y durante toda la noche 6.000 TT. Todo este dinero lo reciben los traficantes fruto de la explotación a que someten a las féminas.

Los traficantes trinitobaguenses y venezolanos trafican las damas casi a la luz pública, siendo resguardados por policías que facilitan el comercio sexual, de igual forma, funcionarios de inmigración aceptan sobornos para hacerse de la vista gorda con referencia a la explotación de mujeres.

Las autoridades de Trinidad y Tobago actúan como si estuviesen de acuerdo en que las mujeres y niñas estén sometidas a la esclavitud sexual.

Muchas de estas féminas están atrapadas bajo una supuesta deuda sin alivio a la vista, sus “verdugos” encuentran formas de mantenerlas esclavizadas al agregar el costo de los alimentos, ropa, alojamiento, gastos médicos y protección a sus cuentas, atándolas indefinidamente.

Los activistas de derechos humanos mantienen que no se está haciendo lo suficiente para acabar con este delito.

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