Ese abuelo olvidado por la humanidad de los autobuseros en Tucupita

  • Vivo en Boca de Cocuina y casi todos los días tengo que venir hasta Rómulo Gallegos para tratar de agarrar un bus.

Leonardo Sierra pidió agua en el pasillo de Radio Fe y Alegría. Estaba cansado y sudado, su respiración era más rápida mientras iba asomando poco a poco su decepción, tristeza e impotencia ante la imposibilidad de ya no tener las fuerzas para caminar ni de reclamar humanidad a los autobuseros que, tan pronto lo ven en la calle, aceleran para perderlo de vista con más rapidez.

  • Ya estoy cansado-, dijo Sierra, y cabizbajo, se secó el sudor de su frente.

Está molesto con una mayoría de transportistas que no permiten que monte sus unidades, probablemente por lo “desgastado” que está él, afirmó el abuelo.

Las horas de caminar van acelerando el avance de su enfermedad. Él mostró sus pies y estaban inflamados, la contextura era el de unos panes campesinos cuando los tuestan. Pequeñas costras blancas evidenciaban una severa callosidad. El pago de su pensión no le alcanza para comprar medicinas. Solo sobrevive.

Intentó levantarse y seguir mostrando heridas, pero el periodista lo tranquilizó y se sentó contra su voluntad, fue el peso de su delgado cuerpo y la poca fuerza que le queda para controlarlo.

Leonardo Sierra saca fuerzas, recuerda su juventud, su virilidad y hasta ha tenido que limpiar el patio de algunos vecinos. El pago es poco, pero al menos asegura comprarse varios panes piñitas.

Recordó  sus años mozos cuando trabajaba como chequeador de buses de las mismas líneas que hoy lo ignoran, desechan; es lo que más hiere su corazón, dice sentir un pinchazo en su ser más profundo porque se siente traicionado. En teoría y  por legalidad, no tendría que pagar pasaje por su edad y su condición, y es lo que le molesta a los autobuseros, les incomoda tener que cargar con «ese viejo».

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