Ilustración de Joine Ramos / Tanetanae.com.

Todos querían  lanzarse al agua.  Sobre ellos, un monstruo  en llamas los acechaba. Él corrió por toda la plataforma petrolera. Conforme avanzaba por un largo  pasillo, su cuerpo fue desvaneciéndose. Pronto estuvo sin una parte de él, y fue cuando Carlos despertó de un sobresalto. Nada había sido real… No en ese instante.

Carlos Hernández se sentó- ya despierto –  sobre su cama. Se asomó por una pequeña ventanilla hasta su comunidad, Pedernales, pero todo estaba oscuro. Apenas  un pequeño reflejo sobre el caño Manamo adornaba aquella población que está al norte de Delta Amacuro. Él se acostó nuevamente. Eran las 11 de la noche.

  • Se está quemando, se está quemando corran, corran, fue lo que Carlos comenzó a escuchar.
  • ¿Otra vez sueño con esto?, esto es un sueño, es un sueño, decía su subconsciente. El monstruo había regresado, pero esta vez era real.

¿Habrá sido un presagio aquel sueño? Carlos solo quería salir lo más pronto posible de su cubículo. Estaba semidesnudo.

Al norte del estado Delta Amacuro, frente a la localidad de Pedernales, funciona una plataforma petrolera que está bajo la administración de la Estatal de hidrocarburos, Pdvsa. Toda la estructura recibe el nombre de “Campo Tonina”. Allí, sus trabajadores  han visto deteriorarse el hogar que los acobija durante gran parte del año. A este lugar se arriba por vía fluvial desde Tucupita, o Monagas.

Carlos  Hernández, un señor de 43 años de edad, tiene 18 años trabajando en la petrolera de Pedernales. Vive con su esposa  y dos hijos. Presta sus servicios  14 días en la “Tonina”, y otros 14, los toma para descansar, según política de la empresa. Esa noche él había tenido un sueño, uno que se hizo realidad.

Como si se tratara de un déjá vu, saltó de su cama y no tuvo tiempo para vestirse, solo tenía una ropa interior.

Pronto comenzó a oler humo, pero después todo se mezcló con un intenso hedor a plástico.

  • Corran, corran, nos estamos quemando, lograba escuchar Carlos.
Ilustración de Joine Ramos / Tanetanae.com.

27 trabajadores  salían presurosos de sus habitaciones, unos pequeños  compartimientos donde intentaban conciliar sus  sueños, desde que las dificultades comenzaron a recrudecer en ese campo petrolero. Todos aguardaban por un día así. Solo en el año 2018, los obreros  denunciaron públicamente estar bajo carencia de transporte, comida, agua y seguridad industrial, en al menos cuatro oportunidades.  De 2 mil barriles de petróleo al día que lograban extraer, ahora apenas llega a 300.

Todos  corrieron por un pequeño puente que llegaba al río.  Se reunieron allí, mientras gritaban pidiendo ayuda. Estaban aislados, no tenían combustible para encender los motores fuera de borda y huir de la llamarada. Carlos fue el último en salir de aquel compartimiento.

  • Vamos a morir, vamos a morir, gritaban los compañeros de Carlos, pero él, él seguía aferrándose a su familia y mantuvo la calma.

El fuego cobraba vida, y todos, acurrucados en  la punta de aquel puente, sudaban. El calor era intenso.

Allá en Pedernales, al otro lado de la orilla, los vecinos ya se habían despertado esa medianoche. En el malecón y también en el muelle, varias personas  gritaban.

  • Deben estar muertos, ellos ya están muertos, era lo que se escuchaba entre la multitud, que solo miraba una gigantesca fogata que iluminaba a Pedernales, aun cuando ya estaba sin luz.

Unas mujeres lloraban y se llevaban las manos a la cabeza. Pero Rafaela Brito, una madre de familia de 43 años de edad, se armó de valentía y habilitó todas sus embarcaciones, que usa para pescar.

  • Vayan, vayan, rápido, dijo.

Cuatro embarcaciones zaparon y al rato estuvieron en los alrededores de la plataforma petrolera. Pero todo estaba cubierto de humo y el calor impedía que estas personas se acercaran al incendio.

Pero Carlos pudo ver unas luces que se movían entre la humareda, y fue cuando todos sacaron fuerzas para gritar y señalar su ubicación. Cansados, deshidratados y la mayoría semidesnudos, pudieron abandonar la zona de peligro.

El incendio no cesó hasta un poco más de las 10 de la mañana de ese otro día. Las llamas consumieron las  ropas de los trabajadores, otras pocas pertenencias y la luz de Pedernales, porque desde entonces, la comunidad  ha permanecido sin energía eléctrica.

Ese 11 de junio del  año 2019, un monstruo devoró una parte de Carlos, y aunque también quiso acabar con sus sueños, Dios, Rafaela y los rescatistas,  lo impidieron.

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