Foto: archivo.

Unos trescientos deltanos que salieron en busca de mejores condiciones de vida en la isla de Trinidad y Tobago, ven revertir sus sueños tras las rejas, en las mazmorras de un país que ahora mantiene un implacable y cuestionado control de migración.

Según la mamá de uno de los detenidos en la prisión de Arouca, Trinidad, su hijo advirtió estar pasando hambre junto a otros venezolanos.

“Estamos pasando hambre, esto es inhumano”, le habría dicho el deltano a su progenitora.

Falta de artículos de aseo personal, altos precios de los alimentos y de otros productos que pueden consumir los privados de libertad en Trinidad, obliga a la mayoría de los migrantes venezolanos presos, depender de una sola y reducida ración de comida al día.

Según la madre de uno de los detenidos en la isla, su hijo ha perdido 15 kilos de su peso corporal. Su estado de salud es crítico. Estaría enfermo de la piel y del cuero cabelludo, toda vez que cada día se mostraría más débil.

La condición nutricional del joven y la de otros prisioneros pudiera profundizarse porque la dirección de la cárcel habría ordenado la supuesta reducción de la dieta diaria: de dos raciones de alimentos, ahora solo ofrecen una.

La señora, quien reservó su identidad y la de su hijo, advirtió además que durante la última semana los maltratos físicos a los venezolanos han recrudecido porque “en la prensa de Delta Amacuro” se han publicado sobre lo que ocurre en las cárceles de Trinidad y Tobago.

Los custodios estarían molestos porque tales denuncias mal ponen a la isla en el escenario internacional, lo que la haría hacer ver como un país insensible ante la coyuntura generalizada que vive el país petrolero.

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