La devastadora remontada que experimentó el dólar la última semana superó cualquier tipo de previsión que hayamos podido tener.

La divisa extranjera, que avanza en forma indetenible constituyéndose en la referencia habitual para fijar precios en nuestra economía, había multiplicado por cuatro su valor a la hora en que publicamos este artículo.

Hasta el Petro cuadruplicó su valor, haciéndolo, curiosamente, antes de que se produjera la estampida de los “verdes”.

Al conocer poco sobre la materia, no podemos sino abismarnos ante una moneda que tan solo la última semana de diciembre rondaba los 700 bolívares y que, hoy en las calles de Tucupita, se cotiza en casi 4.000 bolívares.

La situación ha llevado a que los comerciantes deltanos bajen sus santamarías bajo el argumento de que no saben cuánto habrá de costarle la mercancía al momento de hacer pedidos, ya que esta suele ir al paso del precio del dólar.

Los propietarios de establecimientos no manifiestan cuándo van a abrir las puertas, esperando, quizá, la desaceleración de la cotización a ras de calle y la estabilización progresiva del costo de la divisa.

Una coyuntura que hace temer al ciudadano de a pie, por cuanto, sabe que cuando comience a funcionar con normalidad el comercio, se verá expuesto a unos precios inalcanzables.

Un chaparrón que el presidente Nicolás Maduro está obligado a atenuar cuando anuncie las medidas económicas el lunes 14 de enero. Medidas que ojalá no produzcan un efecto contrario al deseado.

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