Por José Ángel Sarabia Rojas

Yo decía en días pasados que para hablar de la vida de Sandoval Martínez, tendrían que pasar horas, días, meses, porque es un hombre que nació para hacer historia.

Decía también que no importa donde se nace, lo importante es donde se lucha. Sandoval llego aquí a Tucupita por un mandato del maestro Sócrates Hernández, cuando se funda radio Tucupita. Sandoval no estuvo entre los fundadores de Radio Tucupita, porque resulta que Sandoval había dejado el liceo en Playa Grande en Carúpano y era muy enamoradizo, entonces Sócrates manda un papelito para Hugo Marrón Rojas, que era el segundo director de radio Tucupita.

Sócrates le mandó un mensaje confidencial a Hugo Marrón Rojas, “este papel se lo entrega a Hugo Marrón Rojas, tal como se lo estoy dando”, le dijo a Sandoval.

Sandoval salió rumbo a Tucupita y llegó a Barrancas del Orinoco, no había transporte para Tucupita en 1960, al llegar aquí lo que más le asombró fue ver aquel rio grandioso, entonces dijo “Dios mío, mayor laguna”; preguntando cómo llegar a Tucupita, se consiguió a un señor llamado Augusto Romero, que vivía al lado de radio Tucupita y era el capitán de una rápida que tenía el Instituto Agrario Nacional (IAN), que dirigía un italiano de apellido Ventura.

Sandoval era tan consecuente, que cuando se bajó de la lancha a Tucupita, le pregunto “¿cuánto le debía?”, y el Sr. Augusto le respondió “muchacho, ¿yo te cobre?, cuando te escuche hablar en radio Tucupita, con eso me pagas (risas)”.

Así llega Sandoval a Tucupita, pero el papelito decía: “Hugo, el portador de la presente es mi primo hermano, lo que significa que es hijo de mi tío Valentín” -que era el papá de él-, entonces, continuaba: “le mando el carajito por que ahora se la pasa de patiquín –que era como se denominaba a los jóvenes en aquella época, al pavito se le decía patiquín de orilla-, no me lo deje venir para acá, búsquele cualquier cosa que hacer allá”.

A pesar de la advertencia de su tío, curioso cómo era, Sandoval lo leyó, bueno, al mes Sandoval se quería regresar y le decía a Hugo que le buscara pasaje, y este le dijo: “no, si usted va ser la estrella de aquí, ya mañana no va a pasar coleto, nada de eso, el ñeco Otilio le va a enseñar a manejar los controles”; así es como entró Sandoval como control, y a la vez hacia el oficio de mandadero, para eso le compraron una bicicleta.

Por cierto, una vez, una mañana, le dijo Hugo a Sandoval, “siéntate aquí y saca el programa”, y fue la primera vez que sacó un programa de música de Venezuela. Yo estaba allí, me le acerqué, y como la programación era escrita y el locutor o el control no se podían salir del guion a Eulio le fue bien, se destacó, y comenzó su brillante carrera como locutor.

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