Por José Ángel Sarabia Rojas

«En otra oportunidad, una anécdota muy curiosa, como te dije anteriormente llegó el gobierno de Emeri Mata Millán, Emeri muchas veces no pagaba, yo le decía al maestro Sócrates vamos a resolver esto, entonces se iba Sandoval con un teléfono que Cantv había puesto para Hacienda del Medio, y yo me iba con otro teléfono a la plaza Bolívar: ‘en vivo y directo, radio Tucupita informa, que los trabajadores de obras públicas se quejan porque este gobierno no paga’ y por allí me iba, y Sandoval: ‘igualmente, aquí en Hacienda del Medio no pasó el aseo urbano, y las ayudas que pedían tampoco han venido…’

Enseguida había un chismoso, llamado Agustín, que era el que pasaba el programa del ejecutivo, y llamaba a Emeri, ‘mira, la gente de radio Tucupita están locos, están echando leña…’

Y llegaba el gobernador y llamaba a Sócrates, y le decía: ‘Sócrates chico, ahí están Sarabia y Sandoval insultando al gobierno, que usted sabe que es…’

Y Sócrates le dijo: ‘esas son vainas de Sarabia y Sandoval, pero ¿sabes por qué?, porque yo no los he pagado’, bueno, dicho esto llegan a la gobernación los cheques y la plata en efectivo, y nos pagaron (risas).

Esa era la chispa que tenía Sandoval.

Cuentos radiofónicos.

 El último que le escuche, fue el domingo antepasado en la emisora, que dice:

¿Cómo estas Tirso?

Aquí chico, muy triste, con el corazón por el suelo.

¿Y qué te paso?

Esta soledad me va a matar, no hay nada, todo se derrumbó, la mujer se me fue con un policía.

Bueno chico, pero eso pasa siempre.

Nooo, pero, venga para la casa, mira, se llevó el radio, la licuadora, el microondas, la nevera, etc.

Ese es el vacío que tenía, todo estaba vacío.

Y el otro, que Sandoval lo tenía muy floreciente, que era el de su papá Valentín Sandoval y su mamá Hipólita, yo le decía doña Pola.

Ellos tenían un burro que lo llamaban Politanero, que se entendía con Valentín. Entonces, hubo una competencia de burros, una carrera de burros para el día de san Valentín, y bueno, Valentín inscribió a su burro, el premio era 100 mil bolívares, y comenzó la partida, y en eso se cayó el burro, y el papa de Eulio, arrecho, le dice al burro, que buena vaina me echaste, ¿qué te paso?, y el burro dijo ¿de cuánto es el premio?, de 100 Bs, deja la calentura, levántame la pata izquierda que nadie vea, despacito, y cuando el viejo de Valentín le levantó la pata, el burro tenia pisado un billete de 500 Bs.

Así eran los cuentos de Eulio. Bueno, chico, estamos al aire, pero, no es fácil, despedir a un amigo, no es fácil, el buen hijo, es buen padre, buen esposo, buen amigo, y así fue Sandoval.

Hicimos una amistad que fue creciendo con el tiempo, una de las ultimas conquistas que hizo Sandoval en la estación, fue que colocaran bombillos en el baño, botellones de agua, y aire acondicionado en la emisora.

Cuando me dijeron “Sandoval acaba de morir”, me dolió mucho pero, entre todas esas cosas, reaccioné, me fui para la funeraria, Sandoval siempre me decía, de donde sacas tu tanta templanza en tus discursos para despedir a la gente, y yo le decía debe ser una virtud, porque yo escribo los temas que voy a desarrollar, y me decía Sandoval ‘el discurso mío tiene que ser emotivo’, y yo le decía ‘¿si tú me lo haces a mí?’, me dijo, ‘ahí si va a estar la vaina jodida, porque yo no tengo ánimo para hacértelo’, y resulta que todos los que se han marchado de radio Tucupita, a mí me ha tocado hacerles la despedida, a Sócrates, Josefina Lugo, Robert, Frank, Arturo, al “Neco” le di unas palabras. El primer discurso que hice en radio Tucupita fue en el año 1967, si mal no recuerdo, cuando se murió el plantero Patiño y el último, hasta ahora fue Eulio.»

 

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