Expropiación de la subjetividad

Rafael Rattia

Como en la película alemana “La vida de los otros”, el Estado
comunista tiene entre sus objetivos últimos intentar, no siempre con
éxito, apropiarse de la vida íntima de los habitantes. En el largo
devenir de la humanidad, desde los albores de la sociedad regimentada
y uniformada de la sociedad soviética la familia ha sido objetivo
político-militar del Estado comunista. Como célula fundamental de la
sociedad la familia es permeada por la ideología comunista a través de
la constante y sistemática campaña estatal de adoctrinamiento dirigida
a la población infantil. En la Cuba fidelista la sociedad estatizada y
homogeneizada por el Partido Comunista cubano la dinastía castrista
creó los tristemente famosos “semilleros de la patria” de Pinar del
Río con la expresa finalidad de garantizar al cabo de los primeros 20
años de la primera generación de revolucionarios comunistas cubanos la
estructura larvaria del nuevo hombre de la patria martiana, ese
corolario del fidelismo militar disfrazado del pensamiento del prócer
nacional Josè Martì. La idea, mejor dicho; el núcleo central de la
idea de conformar el modelo del “hombre nuevo” de la novísima sociedad
revolucionaria y socialista es sembrar una nueva espiritualidad en los
niños con edad comprendida entre 5 y 10 años a los fines de crear la
horma psíquica, mental y moral de lo que en un futuro previsible será
el paradigma del “revolucionario profesional” consagrado en alma,
cuerpo, nervio y vida a la construcción de la sociedad socialista. El
Estado, (el nuevo Estado, denominado en Venezuela “Estado Comunal)
debe encargarse de la tarea llamada “histórica” de doblegar a la
celular fundamental de la sociedad (la familia) y a través de la
Escuela (la nueva escuela, diría Tomàs Vasconi) va a desarrollar una
nueva sensibilidad socio-política del “nuevo republicano”. Nòtese que
son expresiones de la neo lengua bolivariana. La idea del “nuevo
republicano” de hecho está transversalmente expresada en el “Proyecto
Educativo Nacional” que en su momento fue concebido, pensado y
teorizado por el teórico y marxista crítico latinoamericano, Sociólogo
Carlos Lanz Rodrìguez quien se asume y reivindica desde el punto de
vista ideológico  y filosòficamente inspirado en el pensamiento
-teoría y praxis- de los movimientos consejistas, (Consejos Obreros de
Fábrica) autonomistas, espartaquistas y autogestionarios surgidos en
Alemania, Italia, Holanda durante las dos primeras dècadas del
violento y conflictivo siglo XX europeo. Dos de las más relevantes
figuras intelectuales de la teoría consejista son los italianos
Antonio Gramsci y Toni Negri.
Obviamente, para llevar exitosamente este minucioso y relojeril
(meticuloso) proceso de forja de la nueva conciencia histórica del
hombre nuevo es menester que la vanguardia política y cultural de la
revolución lleve a cabo la construcción de una nueva contrahegemonìa
cultural contrapuesta radical y diametralmente opuesta al orden
jurìdico del andamiaje institucional heredado por la revolución. Una
nueva juridicidad, una nueva pedagogía, una nueva racionalidad
axiològica, una nueva escala valorativa que allane el camino de la
construcción del “hombre socialista” Tendría como premisa sine qua non
la insoslayable necesidad de confiscar y expropiar la vieja
subjetividad que inculcó la cultura política democrática que creó la
democracia en Venezuela desde 1958 hasta 1998.
Para garantizarse una relativamente exitosa labor de “lavado de
cerebro” en la población infantil y juvenil en dichos procesos de
ideologizaciòn a gran escala, el Estado revolucionario debió crear una
poderoso sistema nacional de medios pùblicos (radios comunitarias,
periódicos genuflexos y arrodillados a la revolución, Televisoras
sumisas y obedientes a los dictámenes del Partido Socialista Unido de
Venezuela cuyos resultados son visibles las programaciones diarias de
canales televisivos como VTV, Tves y una indeterminada camada de
plantas televisivas regionales que fungen como extensiones y brazos
simbólicos de la secretaría de medios y propaganda de partido de la
revolución. Expropiación de la subjetividad implica naturalmente el
modo “goebbeliano” repetir una y mil veces una mentira hasta
convertirla una una verdad revolucionaria; es decir en la verdad única
e incontestable de la revolución sopena de ser catalogado de “traidor
a la patria” si se osa disentir de la “verdad” estatal y
estatocràtica.

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