La fiebre del oro ha alcanzado extremos inconcebibles llegando a propiciar el robo de transformadores bajo la presunción de que podrían tener azogue (mercurio) en su interior.

Los antisociales, ante el temor de que los detengan portándolos, los desmantelan en el lugar llevándose lo que consideran tienen de valor.

Un kilogramo de mercurio en el mercado puede llegar a costar unos 50 millones de bolívares. Se emplea para tamizar el oro permitiendo librarlo de impurezas para la venta.

Según un ingeniero eléctrico con experiencia de trabajo en la corporación eléctrica nacional, dos generaciones atrás, en los años 70, si tenían una pequeña cantidad del metal liquido, “aquellos viejos transformadores poseían un pequeño volumen de azogue, así como una importante cantidad de aceite de ballena, práctica que fue eliminada debido a la presión de los ambientalistas, ya que muchos intentaban extraérselo para aplicarlo en la cura contra el reumatismo. Ambos, tanto el mercurio como el aceite, fueron sustituidos por elementos menos contaminantes y más fáciles de obtener”.

El mito ha llevado a que hayan sido desmantelados varios transformadores –cifras extraoficiales hablan de una decena-, en zonas extraurbanas situadas en los contornos de áreas donde se desarrolla la explotación petrolera.

“Al desmantelarlos afectan principalmente estaciones de bombeo de petróleo, llevándose el cobre del embobinado y el aceite, al que luego ponen a hervir para extraerle el supuesto azoque que llevan diluido para encontrarse con que no existe, es infinitamente mayor el daño que ocasionan que el beneficio que supuestamente obtienen, es un daño al patrimonio nacional que ocasiona pérdidas sumamente cuantiosas”, expresó la fuente.

Las autoridades han incrementado la vigilancia en los sectores afectados para evitar nuevos robos, estableciendo recorridos permanentes y realizando labores de inteligencia para dar con los responsables, algo que ha sido difícil debido a que no existen pobladores en esos parajes y normalmente permanecen a oscuras.

Hacen un llamado por tanto a evitar esta práctica, que no habrá de reportarle ningún beneficio y podría acarrearles la cárcel.

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