José García, es un joven de 36 años de edad que se fue, en enero de 2015, al basurero municipal junto a sus cuatro hijos y su esposa.

Son originarios del municipio Pedernales, estado Delta Amacuro, y la decisión de abandonar la comunidad que lo vio nacer, se debe a las  dificultades de hallar alimentos y fuentes de trabajo.

Durante los tres primero meses del año 2016, ya ha vivido de la basura. A diario debe lidiar, literalmente, entre el polvo, la suciedad, los zamuros y el compactador para llevar algo de comida a su hogar.

García, ha asegurado que en la basura se puede conseguir restos de harina de maíz, arroz, espagueti y otros productos, mientras a su alrededor todos luchan por llevarse “lo mejor” de la basura que ingresa al vertedero desde las 11:00 de la mañana.

En el lugar se respira un ambiente desolador, polvos que dificulta la respiración y afecta la visión de una manera extraordinaria.

Todos los días en la mañana llegan las primeras cargas de desechos sólidos en las compactadoras municipales y comienza el trajín para los buscadores, varios de ellos, niños que se atreven a guindarse de los camiones cuando pasa por sus improvisadas “casas”-barracas.

Los mismos lugareños han asegurado que han encontrado relojes, radios, ropas, restos de comida, objetos de aluminios y plásticos, los cuales son vendidos a 100 bolívares el kilo, costo que nada ayuda en la economía familiar si se mira el alto precio de la vida.

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