Francisco «Francisquito» Martínez, va cayendo bien

Francisco “Francisquito” Martínez, se va ganando de a poquito su chapa de adulto en política.

Sin prisa y sin pausa, va encajando en el esquema de la Dra. Lizeta Hernández; va cayendo bien.

Limpio de antecedentes, señalamientos y conjeturas, más allá de su blindaje familiar, le gusta a la gente y él gusta de la gente. Es una ecuación razonable, con grandes probabilidades de éxito.

Se deja querer, se deja estar, inmóvil como de piedra, escuchando a unos y otros, protegido siempre por un escudo de jóvenes que lo adoran.

Un caso extraño, poco común en una realidad política de alguien a quien movieron de sitio como en un juego de ajedrez, poniéndolo delante de la Reina y frente a un osado alfil, y a quien no han querido atacar por si se les devuelve.

Como él tampoco es atacón, se hace innecesario atacarlo. Si pensaban golpearlo, por lo visto han desechado la estrategia.

Tiene un perfil humanista, un signo social, la sensibilidad de quienes han sido arropados por la familia y saben de las vicisitudes de aquellos que no tuvieron esa suerte, y la fortuna de haberse convertido, viviendo en otros dos estados, en un buen profesional.

Poco más se puede decir, es como el muchacho bueno del salón de clases, al que ni bullying le hacen.

Con tres extraordinarios contendores enfrente, va calzando los puntos y ahora sí, parece que puede llegar. Un mes atrás no arrancaba y de repente, haciendo de tripas corazón, plantándose frente al espejo y viendo su estatura, decidió que el hombre es del tamaño del compromiso.

Y Lizeta feliz, parece que acertó.

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