A la escuela de Karate Do "Igaonna" la quieren desalojar del parque Jose Perez Colmenares

Tucupita camina pero para atrás.

FUNDACOMUNAL pretende desalojar a la escuela de Karate Do “Igaonna” de las instalaciones del parque José Pérez Colmenares, donde practican más de 40 niños, para instalar sus oficinas.

En vísperas de un campeonato nacional, han debido paralizar sus prácticas durante dos semanas a raíz de unas refacciones al espacio físico del dojo y las oficinas habilitadas en el galpón central, para avisarle a última hora que no le permitirían continuar en el lugar.

La primera pregunta es lógica: ¿Quién le dijo a FUNDACOMUNAL que unas instalaciones deportivas son las más adecuadas para instalar unas oficinas públicas?

La segunda es igual de lógica y totalmente coherente: ¿no tiene FUNDACOMUNAL otro lugar a donde ir en vez de perturbar un encomiable trabajo de tipo deportivo?

La tercera es de tipo absolutamente visceral: ¿no tiene FUNDACOMUNAL recursos para pagarse un lugar adecuado e idóneo para su trabajo en vez de instalarse en medio de una piscina, una cancha de basquetbol, un dojo de Karate Do y un preescolar? ¿qué pasó con la edificación que arrendaban al frente del Liceo ARP?

De qué estamos hablando:

1.- De una patente agresión a los niños, niñas y adolescentes, que practican la disciplina y son objeto de protección de una ley concebida para ampararlos.

2.- De una vulgar desconsideración en virtud de tratarse de unas instalaciones deportivas.

3.- De un acto de soberbia y de carencia de sentido común e imaginación, al ubicar sus oficinas en unos espacios cuya naturaleza y finalidad están claramente definidas y determinadas.

Por cierto “Igaonna”, una de las tres escuelas del reconocido y milenario arte marcial de defensa personal existentes en el Delta, precursora del estilo Shito Ryu en nuestro estado, tiene seis (6) años funcionando en el lugar, sin generar inconveniente alguno. Comenzó sus prácticas cuando FUNDACOMUNAL ni soñaba con aparecer por allí.

De “Igaonna” han surgido varios cinturones negros, numerosos campeones nacionales, y gran cantidad de atletas ranqueados en la selección nacional, enarbolando la bandera del Karate competitivo, moderna versión de la disciplina, que conserva vestigios de la ortodoxia japonesa y elementos producto del estudio científico del deporte.

Estamos sin lugar a dudas ante un acto repudiable.

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