Gasolina, Trinidad y las minas, motores económicos de los deltanos

Así como afluentes tiene el Orinoco, torrentes financieros posee el Delta.

La migración forzada de muchos deltanos, ha tenido como principales destinos Trinidad y las minas, la primera en el extranjero, la segunda en el vecino estado Bolívar. Representan El Dorado de los oriundos de la tierra del agua y cuna del warao.

Ambos constituyen la inyección de dinero fresco, que oxigena nuestra alicaída economía.

La tercera, el combustible, es la vía de escape puertas adentro al deterioro de la calidad de vida. Una adentro, otra afuera y la tercera en el extranjero.

Más de la mitad de los cerca de 100 deltanos que viajan semanalmente a la vecina isla caribeña, encuentran empleos temporales, generalmente en el sector servicios y en la construcción, cuya remuneración en moneda extranjera traducida a dólares, al término de un trimestre les reporta entre 10 y 15 millones de bolívares. Con esa cantidad sostienen a sus familias hasta que regresan en busca de nuevos recursos.

El caso de las minas es de corte similar, una internada en las montañas bolivarenses envueltos en innumerables peligros, que van desde las mafias que controlan el negocio del oro hasta la gran cantidad de túneles subterráneos sin ninguna protección, puede reportar de 2 a 3 millones al cabo de un mes. Al decir de nuestros paisanos, a pesar de los innumerables riesgos, expuestos a desaparecer de la faz de la tierra sin que den jamás con sus huesos, vale la pena.

Con la gasolina es distinto, entraña menos riesgos y ha estimulado sobremanera la creatividad de los deltanos, un doble tanque camuflado en las entrañas del automóvil puede reportar de 100 a 200 mil bolívares en el puerto de Volcán por cada viaje, no en balde un tambor ronda actualmente los 350 mil bolívares.

Las tres vías derraman recursos sobre nuestras familias agregándose al circulante de la ciudad, mientras aportan la nada despreciable suma de entre 1.500.000.000 y 2.000.000.000 de bolívares por término medio cada mes al peculio estadal.

Los beneficios directos e indirectos pueden alcanzar a unas 5.000 personas, que inyectan recursos a la economía deltana contribuyendo al sostén del comercio y de pequeñas y medianas empresas.

No hay por desgracia en el Delta, actividades tan redituables y que generen similar cantidad de dinero con tanta rapidez, es por eso que waraos y jotaraos acuden con tanta presteza a lugares tan peligrosos e inhóspitos, se separan por temporadas de sus familias y corren el riesgo de ser encarcelados sin que ello ponga freno a sus pretensiones.

La necesidad obliga.

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