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Hoanarao, que significa en la lengua de los waraos «gente de las aguas negras», lo concebí en un viaje que hice al Delta del Orinoco en 2014.

Gema Matías nació en Barcelona, España. Años después su familia decidió trasladarse a Venezuela. De padres lectores, desde niña la poeta leía toda clase de libros: medicina, esoterismo, mitología, literatura; en fin era una lectora compulsiva. Recuerda que su madre siempre recitaba a Lorca y Bécquer. En esa época escribía diarios, sin embargo su madre los revisaba, así que ante el temor de ser leída y ciertas circunstancias de la vida, hicieron que la poeta se quedara dormida hasta la fecha, aunque nunca abandonó la lectura: «Escribir es un acto de desnudez, mostramos lo que somos, nos quitamos la coraza de la intimidad. Una vez conocí a José Jesús Villa Pelayo, le mostré algunas cosas y me dijo que tenía talento, que debía formarme; así empezó a orientarme con ciertas lecturas y me recomendó ver clases con Astrid Lander».

Sus poemas nacen primero en catalán, su lengua materna, luego los traduce al español. Matías afirma que escribe desde las emociones, lo espiritual y lo simbólico. Recientemente, ganó el Premio de Autores Inéditos de Monte Ávila Editores en la categoría de poesía con el libro Hoanarao que será publicado en 2019. En los próximos días, presentará su primer poemario Ara Solis bajo la Editorial Diosa Blanca.
-¿Publicar ya no la aterra?
-Mi primer poemario está escrito en catalán, mi lengua materna, no creo que vea la luz porque es un libro muy confesional. Siempre cuando escribo tengo dudas: ¿servirá para algo?, ¿alguien querrá leerme? Este miedo es porque siento que escribo muy simbólico, muy críptico. Empecé a escribir para mí, pero entendí que no hago nada con tener un poemario engavetado.
-Sus poemarios están signados por el viaje.
-Porque la vida es un viaje. Porque los viajes son una forma de caminar hacia adentro. Ara Solis está ambientado en El Camino de Santiago, viaje que hice en 2007, en esos días llevaba un diario. Cuando hice el taller con Belén Ojeda lo ordené, le di forma y lo dejé dormir hasta hace dos años. Hoanarao, que significa en la lengua de los waraos «gente de las aguas negras», lo concebí en un viaje que hice al Delta del Orinoco en 2014.
-Sus poemas recuerdan la obra mística de Armando Rojas Guardia y Patricia Guzmán; de hecho la poeta Astrid Lander define su trabajo como «un camino del viaje espiritual».
-Nací católica con un sincretismo particular por todas las religiones. Incorporó lo que resuena en mi interior, rezo oraciones cristianas, aplico las enseñanzas Rosacruz, medito con las letras hebreas, leo la Kabbalah, estudio la filosofía oriental. Creo en Dios como manifestación del amor universal, no importa que nombre reciba. Como astróloga leo un lenguaje simbólico, siendo otra manera de entender el mundo. La poesía me permite utilizar todos esos elementos, ya que es una forma de mimetizar lo que siento y expresar lo que percibo.
-¿Qué significó para usted hacer el «Camino de Santiago»? ¿Sigue siendo una peregrina?
-El Camino de Santiago es como la vida, cada día es un amanecer distinto, compartes, convives, experimentas, avanzas. Representó un reencuentro conmigo misma, el volver al origen, mi origen. Caminé más de 900 kilómetros en un mes, es un largo trecho para vivir, también varios niveles de aprendizaje, comenzando por el esfuerzo físico, luego el contacto humano con desconocidos en lugares comunes y ajenos a tu comodidad, la experiencia mística, ese ir hacia las profundidades del sí mismo. Me considero una peregrina y seguiré siéndolo.
-¿Y de su contacto con el mundo indígena?
-Anteriormente a la experiencia con los waraos en el Delta, tuve contacto con los pemones durante muchos viajes a La Gran Sabana, subí dos veces Roraima y compartí con esa etnia. Observé que tienen las mismas creencias sobre su cosmogonía, los mitos de la creación y comparten la vida ruda que constituye coexistir en su hábitat. Ambos vibran con la naturaleza, ese ambiente que los moldea. La diferencia que los waraos van de la mano del Orinoco y sus caños. 
-¿Qué representa la poeta Astrid Lander en su formación poética?
-Poeta, amiga y peregrina… Ha sido mi guía en las andanzas sobre la poesía, orientándome siempre hacia lo que es mejor para mi formación como poeta. Ha sido un pilar.
-Y finalmente, ¿cómo es la ventana por donde mira Gema Matías?
-Mi ventana observa el paisaje, lo verde, el cielo a través del resueno, de lo que vibra, y filtro desde lo emocional, lo mítico o lo espiritual.
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