Génesis Manamo, por Aquiles Amares

Aquiles J. Amares P.

Al principio fue el sonido del madero vertical en bogar continuo, al golpear sobre el tronco hueco horizontal del oscuro y tostado árbol cachicamo, desplazándose raudo sobre la superficie del fluido acuoso de turbidez aluvional.

Luego, voces de iboma y nibo que recorren aguas abajo, aguas arriba, el meandrico curso del poderoso e indómito caño; bordeado de copioso vergel. Los rabanales de hojas cordiformes apuntan hacia el límpido cielo.  Morichales, manacales, temichales, guamas, yagrumos y el tierno mosure difuminando colores verdes y pasteles degradados. La errante bora pretendiendo posicionarse y empoderarse de todo el cuerpo líquido.

Las gregarias toninas tras los bagres, morocotos, arenques y otros peces que se alejan rápidamente de ese entorno en búsqueda de refugio seguro. Guacamayas, loros y pericos inundan de sonidos y retumbantes ecos los amplios espacios matutinos. Alba garzas y encendidas corocoras plenan las márgenes lodosas en búsqueda del huidizo  artrópodo. El carrao hace las mismas faenas hurgando tras el caracol.

Manadas de chigüires pacen tiernos mosures aledaños a los albardones. Babas y caimanes solean dando sensación de distraída presencia; sin embargo, están expectantes ante cualquier acontecimiento. El tobe hace aparición repentina e imprime tensión en todos los presentes, en el escenario de claros cielos y coloridas aguas.

El Sol resplandeciente languidece paulatinamente, hasta que al final de la tarde, aparecen arreboles de cromáticas pinceladas, anunciando una noche orquestada por cantos de batracios, grillos y chaures somnolientos…

¡Honor y Gloria al Libertador!

Ojidu

Tucupita, 17 de diciembre de 2.020

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