Foto: archivo.

“No nos vamos a echar a morir, tenemos que echar pa` lante “, dijo una chica que vende café hecho en la carretera nacional de Tucupita. A las cinco de la mañana ya tiene sus termos llenos, y ella ya está lista para servir su contenido a los choferes que también madrugan para trabajar.

La joven asegura que toda su familia decidió emprender trabajos extra durante sus tiempos libres. Todos cuentan con un ingreso fijo, pero estos no alcanzan para cubrir  sus necesidades. En este trabajo de vender café hecho, se turnan: a veces están sus hermanos. Todos tienen en cuenta que el negocio no debe detenerse.

Con la venta de café han logrado tener acceso a comida, sobre todo a proteínas, porque rubros como, pollo y carne roja, mantienen un importe elevado.

Están unidos y con la mente centrada en el trabajo. Hacen de esta labor un reto más “sin matarnos tanto”, dice entre risas la muchacha.

“Por ejemplo, a veces hace mucho calor y llueve y eso es lo que –enchava- la broma”, dijo la chica.

Pero la carretera nacional de Tucupita se ha convertido en un espacio donde más familias han decidido vender sus propios productos: queso, yuca, plátano y otros rubros.

Viajar por esta vía es poder ver el esfuerzo de los deltanos que han regresado a los campos, y depende del cómo se le mire, podría ser un balance positivo, se trata de una iniciativa que aviva  el Delta productivo posible que las gestiones gubernamentales han negado.

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