Dr. Abraham Gómez R. | Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua | abrahamgom@gmail.com

Hemos sostenido, desde hace varios años, una terca insistencia para precisar un calificativo con las letras exactas. Un vocablo que coopere en la búsqueda del significado y en la construcción de la palabra que con justeza corresponda para dar cuenta, más justicieramente, del hecho criminal cuando se acaba con la vida de una mujer.

Nuestro trabajo lo hemos llevado, en la medida de mis posibilidades, a algunos escenarios donde se debate, de modo acalorado, este tópico álgido y delicado.

Precisamente, al momento de asumir la condición de miembro de la Academia Venezolana de la Lengua conseguí exponer en mi discurso de incorporación la señalada inquietud, la cual tuvo la receptividad que nos satisfizo profundamente. En tal ocasión, dije: “…Las mujeres requieren de nosotros una muy merecida nueva mirada sociohistórica. En el presente siglo, que es el de las mujeres, contribuyamos, junto a ellas, a la absoluta erradicación de la falacia ideológica que pretende posicionar   la supuesta inferioridad de la mujer. Desmitifiquemos los tejidos narrativos que persiguen instalar en la mujer una especie de natural sometimiento. La mujer hizo suyo los principales factores conducentes a movilidad social, de superación meritoria, de desenvolvimientos y actuaciones basados en talentos y probidad…”

A partir de la solicitud que introduje en la Real Academia Española para que fuera estudiado y analizado el neologismo Ginecocidio; les confieso que no me he quedado quieto, ni un instante, en lo ateniente a esta problematización social. Menos aún, cuando percibimos que se incrementan los crímenes contra las mujeres.

Me he visto en la obligación de desarrollar algunas investigaciones morfosintácticas y léxico-semánticas. Trabajo documental que me agrada enormemente; porque estoy consciente del aporte significativo que doy para la reivindicación de la mujer, como ser humano, en estos tiempos contemporáneos de acechanzas e injusticias por todas partes.

Cada vez que puedo, digo sin remilgo que el vocablo femicidio, a mi modo de ver, resulta injusto socialmente, desconsiderado biológicamente y tramposo lingüísticamente. Así lo he venido exponiendo en cualquier sitio y escrito.

Por lo que resulta inapropiado y desacertado, por parte de los medios de comunicación social y de quien haga uso del mismo, seguirlo vociferando; para decir que se perpetró un feminicidio o femicidio, al momento de dar a conocer que se liquidó la vida de una mujer. Es injusto e inhumano.

Cuál es el interés de esconder; de seguir maquillando la realidad. Por qué no exponer con transparencia que se cometió un crimen horrendo contra un ser humano, mujer. Dígase, sin tapujos, que hubo un Ginecocidio. Deploramos que   tal aberración continúe dándose a conocer a través de un inaceptable eufemismo: femicidio o feminicidio. No, hubo un crimen contra una mujer, hubo un Ginecocidio.

En las estadísticas de sucesos criminales que llevan los cuerpos de seguridad del Estado y –más vergonzoso aún– algunas Organizaciones no Gubernamentales, cuando se enteran que mataron a una mujer lo registran como feminicidio o femicidio; y con esa práctica no hacen sino   ponerle cosmética al gravoso asunto, para que la opinión pública quede enterada. Y todo, al parecer, acaba allí.

Tamaña desconsideración, irrespeto y exclusión para un ser humano. Absolutamente inadmisible, ni ayer y mucho menos ahora.

He justificado argumentativamente e insistido ante la (RAE) que hay una trampa léxico-semántica urdida en la construcción y significado del término femicidio; con el cual se ha pretendido atenuar y ocultar lingüísticamente la verdad.

En el escrito que consignamos, hace dos años, ante la Real Academia Española – que fue admitido y referido a su sala de observación– sostenemos que es un desacierto lingüístico expresar femicidio para hacer saber que se comete “homicidio” contra la mujer. Esta escogencia terminológica nos luce impropia. Les digo porqué. Por cuanto, un homicidio se comete contra un hombre. Así entonces, aniquilar físicamente a una mujer no puede ser homicidio, sino Ginecocidio; del griego: Gyné, Gynaikos, Gineco que denota con exactitud: mujer. Más el sufijo –cidio, cid, que se forma por apofonía de caedere: matar, cortar.

De cualquier forma, no basta buscar otra palabra; no es sólo denominar de otra manera esta desviación conductual de maliciosa y abominable machismo; sino evitar, a como dé lugar, tales injusticias. Menos seguir maquillando esta repulsión.

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