Alexis Gonzalez, Alcalde de Tucupita

Más de 2.000 trabajadores tendrían que salir de la alcaldía de Tucupita, para hacer frente a la contingencia salarial.

Sería la única forma –inmediata- de responder al incremento establecido con el presupuesto actual.

Por supuesto que el alcalde Alexis González no está dispuesto a hacerlo, ni entra en sus planes; a pesar de lo poco que cobra la masa laboral significaría el caos.   

Es un aumento salarial necesario e incomprensible a la vez, decenas de economistas se han pronunciado manifestando que traerá consigo mayor inflación, terminando de descuadrar el presupuesto de los venezolanos.

Analistas políticos dicen que el gobierno procura ganarse la voluntad del pueblo con esta medida, neutralizando al mismo tiempo iniciativas como la marcha del 1 de septiembre. La política operando sobre la economía.

Lo más difícil de entender es que el presidente Maduro lo haya decretado, cuando más de una tercera parte de las alcaldías en manos del gobierno padecen severos problemas presupuestarios.

Casi que el presidente les manifestó, “aguanten la pela y ayúdenme a permanecer, que luego les devolveré el favor”.

En Tucupita solo una voz disidente se escuchó, la del dirigente sindical José Gregorio Castillo “Bomba”, y sin embargo, luego de inculpar al ejecutivo nacional por tomar la medida en forma inconsulta, sin planificación alguna ni previendo sus consecuencias, compensó diciendo que era necesario hacerlo, e incluso había sido poco en virtud de la actual inflación.

La realidad de la alcaldía de Tucupita es extremadamente difícil, pasa salir del atolladero quedan por esperar dos cosas: un verdadero milagro representado en la intención del nivel central de enviar los recursos para subsanar por completo la deuda, ajustando de una vez el presupuesto del ente municipal en la ONAPRE, o lo que muchos piensan que sucede, que el incremento salarial encierra un secreto muy bien guardado del presidente Maduro, como podría ser, acuerdos subrepticios con los países productores de petróleo en aras de impulsar el incremento de los precios del barril y, en consecuencia, un retorno a la situación anterior con un presupuesto balanceado, que permita cubrir las necesidades de los venezolanos.

Lo demás son soluciones a gotas, ajustes puntuales que el alcalde tendrá que ir haciendo: jubilaciones adelantadas, desprenderse de responsabilidades e instituciones, cruzar nominas, ajustes en los horarios para brindar libertades, estimulo a la inversión privada y mayor recaudación impositiva a fin de ir cubriendo huecos presupuestarios, en fin, un camino largo y tortuoso pero necesario.

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