Por: Luis Eduardo Martínez Hidalgo 

Entre el 27 y el 30 de julio unos 70 mil jóvenes venezolanos recibirán por secretaría sus títulos profesionales. En el caso de las Universidades de gestión privada lo harán un buen número si bien restan muchos cuyo proceso de verificación de expedientes y certificación de diplomas se ha retrasado por las cuarentenas obligantes por el COVID-19.

Escribo estas líneas minutos después de grabar mi mensaje a los Magister, Especialistas, Ingenieros, Licenciados, TSU de la Universidad Tecnológica del Centro a los cuales siguiendo rigurosos protocolos titularemos esta semana. Me sentí extraño haciéndolo así como seguramente se sentirán nuestros graduandos cuando entren solos a un aula magistral para rápidamente firmar el libro de actas y tomar el diploma, sin ningún contacto físico con el funcionario que les instruirá distante de los pasos a seguir.

Recordé que cuando recibí mi título de ingeniero, en la Universidad de Oriente, me correspondió hablar en representación de los nuevos profesionales y las primeras palabras de mi discurso fueron: “Vivimos tiempos de crisis”. Señalé que pudiera haberme tentado comenzar con idéntica frase pero que con el transcurrir de las décadas aprendí que de las crisis nacen grandes oportunidades y que con tal lo que corresponde es afirmar enfáticamente: “Vivimos tiempos de oportunidades”.

Advertí sí que en la nueva normalidad, como nunca antes, gravitará sobre el mundo el viejo concepto darwiniano de la sobrevivencia de los más aptos, los más capaces, que miles de empresas quebrarán y millones de personas se hundirán en la pobreza pero que en sus casos no podía haber duda que alcanzarán metas y éxitos por las competencias que poseen tras años de rigurosas exigencias.

Ellos y sus pares de las promociones 2020 en cualquier rincón del planeta como todo joven profesional que esté dispuesto a fajarse duro, tienen por delante un sinfín de emprendimientos y aquí me detengo para rogarle a los venezolanos que ahora egresan: por favor no busquen un “puestico” y menos en el sector público. Los salarios de miseria que recibe un profesional en el país deben ser motivación suficiente para que los más jóvenes se mantengan lejos de una nómina y transiten su propio camino.

¿Y de qué oportunidades habla?, seguramente me preguntarán algunos. Digitalización, teletrabajo y comercio online son tres áreas posibles sin dejar de lado el continuar estudiando vía remota preferiblemente programas no tradicionales como los del blockchain, inteligencia artificial, internet de las cosas, big data.

Con la digitalización aprovechen tantas nuevas herramientas con las que ya nos familiarizamos –basta Zoom como ejemplo- y construyan nuevos modelos de negocios tanto virtuales como híbridos porque la presencialidad plena está lejos.

Si bien el idioma puede ser una barrera y salvo unas pocas excepciones como la nuestra, los egresados venezolanos no han sido formados en una segunda lengua, escudriñen ofertas de teletrabajo en grandes multinacionales que aun con la pandemia demandan a miles y cuya remuneración en moneda extranjera siempre será atractiva para un local.

Sobre el comercio on line no hay mucho que decir porque si se tiene un sector que el coronavirus dinamizó ha sido el e-comerce hasta en las formas mas elementales. Hoy el “delivery” es parte de nuestra vida diaria y desde un tornillo hasta platillos gourmet llegan a nuestra casa ofrecidos desde una cuenta de Instagram o de WhatsApp.

Finalicé mi mensaje a nuestros nuevos profesionales con el Ulises de Tennyson que otra vez, en mi propio grado cité: “…recios de voluntad para buscar, hallar y no flaquear”. Y no flaqueen jamás, cerré.

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