Puerto del pequeño hospital de Guayo/ Tanetanae.com, archivo.

El centro hospitalario “Hermana Isabel López” de San Francisco de Guayo, no cuenta con insumos médicos desde hace seis años, pero aun así, una monja Capuchina intenta alargar la vida de cientos de indígenas waraos que acuden a ese centro de salud, que está a unas seis horas por vía fluvial desde la localidad de Tucupita, en el estado Delta Amacuro.

Según un indígena warao de Guayo, la monja de nombre Ilvia Vélez, una religiosa de la congregación Capuchina y quien es enfermera, cumple el papel de médico, mientras apenas algunos auxiliares de enfermería la asisten en medio de carencias. Ellos están en la selva.

Unas cuatro mil personas habitan en Guayo, una locación que ha estado bajo cualquier investigación  periodística por  formar parte de una zona donde los casos de VIH han tenido una tendencia al alza, no obstante, “en este pueblo de Dios, se puede morir de cualquier otra enfermedad”, afirma retóricamente el aborigen que estudió turismo e ingeniería civil en la ciudad.

Desde hace seis años, Guayo está sin una ambulancia fluvial, ahora tampoco cuentan con carburante. “Si Tucupita no tiene gasolina, menos Guayo”, dice el joven. Pero además, las medicinas que arriban al pequeño hospital se limitan a unos pocos antipiréticos y analgésicos, se trata de fármacos que no disminuyen los severos cuadros de patologías crónicas.

“Tanto que ustedes los periodistas dicen que Guayo está lleno de Sida, le  digo que aquí se puede morir de cualquiera otra cosa, si te pica un alacrán (escorpión) te puedes morir, así tan sencillo se puede morir, sin tener una gran enfermedad, porque no hay nada”, cuestionó el muchacho, quien, tan pronto arribó a Tucupita, se comunicó con  Tanetanae.com y Radio Fe y Alegría.

Justo ahora, Guayo, así como cientos de comunidades con acceso fluvial, está aislada. No hay combustible y si lo hubiera, esta vez no se contaría con motores fuera de borda, por lo que “la gente va a Tucupita en curiara y a canalete (remando en canoas)”, lamenta el ingeniero en construcción civil y licenciado en turismo.

Varias familias  han decidido sacar a sus seres queridos enfermos, en canoas. Tan pronto reciben un diagnóstico de la monja Capuchina, parten hacia Tucupita, para un viaje que puede demorarles siete días.

“Para traer a los enfermos (llevarlos a Tucupita) tienen que pasar al menos una semana jalando canalete (remando)”, revela el guayero.

Aunque arribar a la capital de Delta Amacuro, en la ciudad, no implique necesariamente salvación, existen más probabilidades de sobrevivir. Mientras tanto, de pronto justo  ahora haya pacientes remando para intentar salvar sus vidas.

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