Instalaciones viejas del ambulatorio de Nabasanuka | Tanetanae.com.

Ya otros enfermeros, pacientes o familiares habían atestiguado sobre las experiencias paranormales: pasos, murmullos casi inaudibles, puertas que se abrían, quejas de pacientes en habitaciones vacías, sombras y otras manifestaciones, en el antiguo ambulatorio médico de Nabasanuka, una población aborigen de la selva deltaica, ubicada a unas seis horas por vía fluvial desde Tucupita.

Siete auxiliares de enfermería se rotaban el turno nocturno en el ambulatorio rural de Nabasanuka, una zona selvática que ha sido testigo mudo de relatos increíbles y experiencias de miedo en las noches bajo la luna, mientras el silencioso río fluye a pocos metros del dispensario de salud que vivió sus mejores momentos en los años 90`s

En la década de 1980, un médico alemán llamado Hegon Herbig, arribó a la selva con un equipo médico. Son el paso del tiempo se supo que era de una familia multimillonaria, que decidió por iniciativa propia, la construcción de un hospital tipo II, que llevaría su nombre. Prestaba servicio de obstetricia, medicina general, cirugía menor y hospitalización dada la lejanía de la selva con Tucupita, capital del estado Delta Amacuro.

Al lado se encontraba una casa de madera muy solariega, donde a veces alojaban a pacientes con tratamientos prolongados  y a sus acompañantes.

A varios metros de distancia persiste hasta el año 2019 la casa de los sacerdotes, que en principio fue de los Capuchinos, pero hoy está cedido a la congregación Consolata. Esta casa fue remodelada hace algunos años.

Entre la casa de los sacerdotes y el hospital, está un vieja iglesia donde han ocurrido los sucesos inexplicables, justo en este espacio, sucedió lo que a continuación de relata.

Estábamos por comer un pescado asado al caer la noche, y mi padre, un auxiliar de enfermería se acombada sobre un banco de madera. Soplaba una suave brisa y las olas también hacían ruido cuando pegaban en las canoas, los pilotines, y se sentía ligeros movimientos de la casa.

La noche anterior había hecho guardia, por eso pasó casi todo el día en un chinchorro, esta actitud era normal después de cada noche en que tenía que amanecer en el hospital.

“Pensé que estaba soñando, y no, no estaba soñando: una persona me había abrazado fuerte pero sus ojos no eran de un ser humano, los ojos brillaban y su cara no se podía ver, era como una sombra”, dijo papá.

Esa noche, la madicatura de Nabasanuka, había permanecido sin paciente todo el día. Solo al caer la tarde, una persona con dolor de estómago arribó al centro de salud, pero estaba alojada en una habitación separada por una pared y una puerta de metal con seguro.

Aunque había una habitación destinada para el descanso del enfermero, esta estaba reservada para el médico, que en ocasiones iba a la comunidad para hacer ruralidad. Siempre eran estudiantes del quinto año de medicina de alguna universidad venezolana.

Era por eso que mi padre y otros auxiliares de enfermería descansaban en un espacio donde había un colchón, la mesa de consulta, los anaqueles de fármacos, y justo en la entrada estaba un peso y una radio de frecuencia que no se apagaba por si se presentaba una emergencia y ameritaba una comunicación entre Araguaimujo, San Francisco de Guayo, Curiapo, Santa Catalina y Tucupita.

Esa noche, la luna estaba clarita, y cuando está así, el ambiente se puede percibir sin mayores esfuerzos, cuando sintió un abrazo fuerte y despertó. Forcejeó por algunos segundos y por fin pudo zafarse de la figura humanoide con ojos brillantes. Cerca estaba un soporte de suero y algunos utensilios de primeros auxilios que cayeron haciendo un ruido que se escuchó en las casas vecinas por el silencio de la noche.

Ya en este punto, la figura se dio la vuelta y se desplazó hacia la puerta, mi padre todavía incrédulo y confuso se sentó sobre el colchón, miró a su alrededor, mientras la figura hizo una parada justo en la puerta que estaba abierta de par en par, y miró directo hacia mi padre para alejarse cual si fuera un papel.

Él se armó de valor, reaccionó y salió en persecución. Al salir pudo observar que la figura tenía un pies sobre otro, similar a la imagen de Cristo crucificado. Levitaba.

Su movimiento era ligero, muy ligero como un papel en el aire y parecía que resbalaba en el espacio.

En segundos había cruzado la casa de los pacientes, la iglesia, la casa de los misioneros, y justo en la esquina de la cancha de usos múltiples de la comunidad, la figura humanoide cruzó y desapareció en un parpadeo.

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