Héroe sin capa, aunque con corazón: Francisco, el chichero

Francisco Waldrop, un abuelo de 75 años de edad que se dedica a vender chicha casera en la Av. Arismendi de Tucupita, se ha convertido en un héroe sin capa, por mantener un corazón solidario con los más necesitados.

A veces ofrece poco, pero otras veces intenta salvar vidas cuando las personas les cuentan la difícil situación por la que están atravesando, una vez que  se detienen en su negocio para tomarse una chicha en el pequeño puesto que está en la Av. Arismendi de Tucupita, a pocos metros de la calle Petión.

Hace una semana aproximadamente, una señora que había parado a tomarse una chicha, le comentó al señor Francisco que necesitaba dinero para comprar unos medicamentos para un familiar que estaba recluido en el hospital de Tucupita. El pequeño comerciante al conocer la historia de la ciudadana, decidió ayudarla y le ofreció una cantidad considerable de dinero.

Además de ese tipo de acciones, el señor Francisco suele donar algunos vasos de chichas a los niños que andan en condiciones de calle y un adulto que está enfermo, de bajo recursos.

“Yo ayudo pobremente con lo poco que tengo, a los niños que andan en la calle les doy un poco de chicha, hay un señor enfermo que viene a buscar su vaso de chicha y si tengo le doy un pan también”, dijo el señor Francisco, quien tiene más de 20 años dedicándose a la venta de chichas caseras en Tucupita.

Francisco Waldrop lamentó que no puede trabajar hasta el atardecer porque Tucupita se resguarda después de las 12 del mediodía, y teme ser víctima de algún robo. Si contara con un horario más prolongado, pudiera contribuir con más deltanos en tiempos de crisis.

 

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