El COVID-19 surge por primera vez a finales de diciembre en la ciudad de Wuhan en China, cuyos principales síntomas según la OMS, son, tos seca, fiebre, malestar general, dificultades respiratorias, y en algunos casos pueden tener lugar síntomas gastrointestinales (diarrea y/o vomito).La Organización Mundial de la Salud ha declarado la situación como pandemia (enfermedad epidémica que se extiende a muchos países o que ataca a casi todos los individuos de una localidad o región).

Al respecto se evidencian comportamientos obsesivos que consisten en una preocupación de salud inducida, implantada; estamos ante una de las peores guerras psicológicas (bombardeo mediático) nunca antes visto en nuestro país, que nos desprovee de todo sentido común, ver personas que no trabajan en ámbitos de salud usar tapabocas es absurdo en un estado donde no existe ningún caso reportado (ni oficial ni extraoficialmente), quedando demostrado que la mente colectiva es fácil de sugestionar, se debe tener presente que estadísticamente la tasa de mortalidad del famoso Coronavirus es baja (solo del 2%), en comparación con muchos otros virus y enfermedades.

En Venezuela, por ejemplo, la OPS reportó entre julio del 2017 y 2019, 7.054 casos de sarampión donde el 62% de los afectados fueron niños menores de 5 años, de los cuales 84 fallecieron. Por difteria se registraron 1.200 casos entre julio de 2016 y septiembre del 2018, de los cuales 200 personas murieron. En el año 2018, según cifras de la OMS,la tuberculosis ascendió a 11.394 casos reportados de contagio, en 2019 se produjeron 22 muertes por dengue, de malaria se reportaron 471 mil casos para 2018, de los cuales 423 fueron mortales, la SVI contabilizó en Venezuela entre los años 2009-2013, 2.615 casos de la Gripe A (H1N1), de los cuales resultaron 116 fallecidos (la gripe A-H1N1fue decretada como pandemia por la OMS el 11 de junio de 2009); y si nos vamos a las muertes violentas en Venezuela, solo durante el año 2019 encontramos que estas se situaron según cifras del OVV en 16.506 muertes violentas, cosa que nos afecta a todos y para lo cual no se hace un despliegue de prevención de la magnitud que se debería; lo cierto del caso es que con todas las restricciones y medidas (muchas histéricas – desproporcionadas) nos están suprimiendo gradualmente las garantías constitucionales, sobre todo en un estado (Delta Amacuro) donde no existe razón lógica (ningún caso reportado) que justifique tales medidas, y si existiese, con un adecuado cerco epidemiológico se puede controlar sin mayor inconveniente.

Es alarmante ver como cualquiera simplemente por usar los medios de comunicación, ejerce el poder mediático para difundir psicoterror provocando un sin número de comportamientos histéricos, fóbicos, de ansiedad, angustia y depresión etc. Es importante reseñar que la probabilidad de sobrevivir al Coronavirus es del 98% y por las características del mismo, en un ambiente cálido como el del Edo.Delta Amacuro, más; el 80% de las personas infectadas con COVID-19 presentan síntomas leves, el restante 20% desarrollan síntomas moderados y graves, de los cuales solo el 2% no sobrevive. Considero pertinente dejar de manipular la situación valiéndose de los medios de difusión masiva de información para infundir miedo y pánico, desvirtuando la situación real, estudiemos el virus, analicemos y tengamos sentido común, honestamente ¿no sé qué nos va a matar primero, si el coronavirus o la ansiedad, la falta de insumos médicos y de alimentos en nuestras casas?

Con el presente artículo no pretendo herir susceptibilidades y me disculpan si así lo perciben, pero la realidad está a la vista de todos. Bajo ningún concepto niego la existencia de una pandemia que como cualquier otra patología es una amenaza para nuestra salud, solo me permito contextualizarla en un plano real, debido a que me inquietan algunas medidas gubernamentales y orientaciones de los medios de difusión masiva de información, quienes han contribuido a generar y producir un malestar psicológico general en la población, cuyo impacto no se puede ocultar y es visible en las compras nerviosas, la ansiedad y depresión, desesperanza, actos de xenofobia, sensación de impotencia, restricciones del libre tránsito y de las actividades laborales y económicas, desabastecimiento, entre otros.

Gastar insumos como mascarillas y/o alcohol y/o desinfectantes y/o papel sanitario, etc., cuando no existe la necesidad es absurdo, pues no descarto la posibilidad de que en algún momento sean necesarias y de esos insumos dependa la prevención al contagio, pues siempre se ha sabido que la prevención es una cura anticipada, así debe ser, pero cuando las circunstancias realmente lo ameritan, no por moda, no por una imposición, simplemente por un análisis objetivo de la situación de riesgo que nos conmine a protegernos de manera eficaz.

Partiendo de las orientaciones emanadas de la Federación Venezolana de Psicólogos, el llamado es a mantener la calma, a no darle credibilidad a cualquier cosa que se lee o se escucha, a orientar a los familiares y amigos de una manera adecuada y realista, a evitar la sobreinformación que solo fomenta la difusión de información falsa, a no perder de vista que estamos en presencia de una situación temporal y transitoria, a identificar los pensamientos y las conductas que generan malestar propio y puedan generar malestar en los demás, a mantener una actitud optimista y objetiva, a evitar comportamientos de rechazo, estigmas o discriminación.

Por: Joseph Palacios

Psicólogo Clínico – UCV

 

 

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