Dr. Abraham Gómez R. | Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua | abrahamgom@gmail.com

Nos labramos una amistad limpia, transparente, plena de respeto; no obstante, la parcela confesional que cada uno había escogido para tributar veneración ante su Dios.

Jesús Tenorio Narváez: un excelente, reconocido y elogiable profesional de la radiodifusión, tanto desde el desempeño práctico en los micrófonos — con voz y dicción impecables–, como nutrido de suficiente fundamentación teórica. Ambas cualidades –difícilmente coincidentes en estas lides– le conferían un amplísimo bagaje para dictar cátedra (como en efecto lo hizo), en varias ocasiones para el público deltano, ávido de ensanchar sus conocimientos; más aún, impartidos por un maestro de la Radio, de su talante.

Me dio el honor de acompañarlo en algunos seminarios que programaba, diseñaba y dictaba, con dominio didáctico y metodológico absoluto. Sumamente disciplinado. Poseía el carácter admirable de exigirse, con irreductible espíritu de superación; lo cual lo condujo a la República de Colombia a desplegar, en varias emisoras, sus dotes como voz oficial de noticieros y programas variados.

Antes de viajar, me invitó a clausurar una hermosa jornada de aprendizaje de locución y análisis crítico del discurso, que quiso ofrecer para sus hermanos en Cristo, de todas las Iglesias evangélicas del estado Delta Amacuro. Qué honor haber compartido tal evento; por cuanto, había una especie de juntamiento académico y sincretismo religioso.

Un hombre que no llegó a acumular odios, rencores ni intrigas. Llevaba la bondad e ilimitados gestos generosos implícitos en su personalidad; producto, sin duda, de sus devocionales lecturas de la Palabra Sagrada.

Hoy, elevamos una plegaria ante el Padre de todo lo Creado para que le conceda su merecido lugar y descanso.

Gracias, por tu amistad, Jesús Antonio

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