204  kilos de droga del tipo marihuana fueron incinerados en horas de la mañana del pasado viernes.

La quema se produjo en las instalaciones del D-611, ubicado en el sector Paloma de la carretera nacional, en Tucupita,  prolongándose por espacio de dos horas.

El proceso estuvo controlado y supervisado por funcionarios de la GNB, Ministerio Publico y Circuito Judicial, entre otros entes de seguridad del estado.

El vegetal sufrió una pequeña merma debido a las dos semanas que transcurrieron desde que fuera detectada la embarcación, hasta que fue sometida a peritaje, para luego extraerle el contendido que permanecía oculto en un doble fondo de la embarcación. En un principio superaba los 220 kilos.

La nave estuvo inmersa en el trágico hecho, que costó la vida a una joven warao embarazada de 20 años y a su hijo de 6 años de edad, en las cercanías del poblado indígena Mariusa, en el municipio Antonio Díaz.

Los uniformados que esgrimieron armas manifestaron que dieron la voz de alto al verla pasar y el timonel hizo caso omiso, lo que forzó la decisión de efectuarle disparos preventivos al casco del peñero, con la mala fortuna de que las victimas reposaban en el piso sin posibilidad de ser vistas.

Un grupo de waraos, familiares de la dama y el niño que perdieron la vida, se acercaron a la sala de redacción de este medio para manifestar que la situación fue al revés, ya que ellos les habrían hecho señas a los guardias nacionales cuando vieron que estos se acercaban con las metralletas en alto en pleno río. “Varios de nosotros entrecruzábamos los brazos en el aire en señal de que se detuvieran y comprendieran que no representábamos ningún peligro, y aun así dispararon”, expresó un tío de la joven fallecida.

En vista de lo confuso del incidente, serán las autoridades a cargo de la investigación quienes tengan la última palabra, y determinen que realmente sucedió y cuáles son las sanciones a aplicar.

Un alto mando de la GNB, explicó a Tanetanae.com que los uniformados tenían la información de que unos trinitarios tratarían de pasar droga hacia el vecino país y estaban al acecho, lo que hizo que actuaran con tanta severidad.

Esa sería la razón por la cual se tardó dos semanas en determinar la presencia de droga. Al estar incurso en un hecho violento, hubo que esperar por las investigaciones preliminares para luego enfocarse en el peñero y proceder a su revisión. Un funcionario actuante nos expresó que fue sorprendente la extensa superficie que denotaba la presencia del alcaloide al rociarle el reactivo.

La insistencia en la posibilidad de encontrar sustancias prohibidas y su posterior hallazgo, será el atenuante de mayor peso empleado por los implicados para justificar su proceder.

Los agujeros que produjeron los disparos en la superficie de la nave permitieron que el agua se filtrara mojando el alcaloide, lo que aceleró su degradación en materia podrida y líquidos descompuestos.

La situación disparó las alarmas al ilustrar la forma en que son modificadas las embarcaciones para camuflar mercancías y objetos apetecibles por las mafias del contrabando.

También deja el señuelo de cómo son utilizados los indígenas warao para desviar la atención de las autoridades o convertirse en escudos humanos de las organizaciones delictivas.

Detalles a ser observados por la ciudadanía en general y obviamente por las autoridades.

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