¡Infeliz confusión!

Pompilio Monroy Perales 

Soy un miliciano especial operativo de la Quinta Dimensión Intergaláctica Sideral. Vengo de muy lejos en el tiempo cronológico. Emergí de profundidades oceánicas, cabalgué sobre cumbres borrascosas, dominé tormentas eléctricas cuyos relámpagos cegadores de la visión ordinaria encerré en una tapara, para que los indios creyeran que ahí estaban la luz y el fuego. Advine, pues, al tiempo histórico actual para cumplir y hacer cumplir por cualquier medio –el medio y el miedo justifican el fin- la orden de la Jerarquía Suprema.

Cuando recibí ese mandato me sentí gozoso y honrado. Es un privilegio ser escogido por la Jerarquía; significa que me tiene confianza, que no soy un cualquiera en la colonia, sino un ente con entidad propia, subordinada exclusivamente –como es natural en este cósmico recinto- a esa magnífica magnificante Suprema Jerarquía.

Dispongo de todos los mecanismos necesarios y suficientes de control mental y conductual, empezando por el de la hegemonía comunicacional, para cumplir y hacer cumplir mi excelsa misión. Poseo antenas perceptoras y receptoras que penetran y espían todos los intersticios, incluso genéticos e imperialistas, de esta humanidad descarriada y perversa, que tenemos que reconstruir con hombres nuevos.

Además, tengo bajo mi mando escuadras, escuadrones, pelotón, pelotones, batallón, batallones, batallonas, salas y cuevas situacionales, destacamentos, guarniciones, regionales, túneles secretos bajo terra incógnita… todos perfectamente armados, desalmados y dispuestos a obedecerme; y cuento también con serviles, adulantes, rastreros, jalabolas, caga tintas, todos rodilla en tierra comprometidos voluntariamente con esta misión liberadora y reconstructiva.

Poseo entrenamiento certificado, summa cum laudae, por cubanos, chinos, rusos, vietnamistas, iraníes, y demás panas de la panadería;  también, recursos en dólares para comprar voluntades,  dolores de picadas de alacranes para vencer cualquier resistencia… En fin, recursos para ser exitoso y ascender en la escala jerárquica de donde vengo. El éxito está garantizado de antemano porque pertenezco a la clase superior seleccionada por la Jerarquía para salvar la humanidad construyendo al hombre nuevo.

Una sola pequeñez me inquieta: descubrí por casualidad que estos seres inferiores poseen un algo que llaman pensamientos, valores, principios, sentimientos, apetencias de otro algo que nombran Libertad, cuyas consistencias no logro descifrar, entender, ni comprender. Es como un no sé qué misterioso que me quebranta y deja quejumbroso, estupefacto. No me atrevo consultar a la Jerarquía porque sería fulminado ipso facto, por inepto.

El lapso del mandato que debo cumplir y hacer cumplir como sea, está próximo a vencer inexorablemente. Si no interpreto correctamente aquel algo, perderé la oportunidad de ocupar un asiento al lado de mi Jerarquía Superior, en puesto de comando y dirección. Peor aún, puedo ser expulsado del paraíso de los zoociolistos celestiales y terrenales.

Hago pública esta infeliz confusión, con la esperanza de que el recluta FELIZIANO me ayude a cumplir mi divina misión, porque él sí es bien feliz, no tiene confusiones ni incertidumbres, no está contaminado de servidumbres ni podredumbres; pero yo, como maduro, no tengo lumbre. Por favor, FELIZIANO.

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