Carolina de Roa relata la dura travesía que le tocó atravesar mientras estuvo detenido su marido el Dr. Isaias Roa Rojas

Por Carolina de Roa / Mujer aguerrida y luchadora en defensa de los derechos de la familia venezolana

Tras una separación arbitraria de la familia donde un miembro ha sido confinado, si existen niños, estos se enfrentan a la realidad más dura, su mundo protegido, resguardado y lleno de amor, queda vulnerable, la magia y la fantasía se pierden de golpe y de momento, son sometidos a la inconsistencia de un nuevo ambiente, cargado de maldad y crueldad; el llanto, la incomprensión de lo ocurrido los invade, las preguntas, la exposición a lo inexplicable y el escarnio público son el primer impacto para ellos.

Cuando fue encarcelado mi esposo, el Dr. José Isaías Roa Rojas, me tocó hablar con mis tres hijos, darles la noticia de lo ocurrido con su padre, porque siempre me enseñaron que la verdad es primero.

En ese momento apelé a lo que tenían en sus corazones en relación a su papá, gracias a Dios, la respuesta de mis niños fue llena de madurez pese a sus cortas edades, allí supe que habíamos hecho un buen trabajo como padres y sentí la bendición de Dios.

Gracias a la ayuda de mi madre y mi hermana, mis niños no estuvieron nunca solos porque yo me dedique al conflicto que vivíamos y desde Caracas solo podía hablarles por teléfono.

Recuerdo ese momento cuando los reuní antes de irme, una frase que me dijo mi hijo menor y me llenó de fuerzas y me acompañó durante los nueve largos meses de la violación de derechos humanos en contra de mi esposo, donde con una boleta de excarcelación no le daban su libertad, “sabemos que papi es inocente y tu mami lo vas a traer de vuelta con nosotros”, esas palabras me llenaron de compromiso.

En el caso particular de mis hijos no presentaron problemas de rendimiento escolar, ni de cambios de carácter, pero si somatizaron este proceso con algunas enfermedades leves.

Vi tantos niños en el sitio de reclusión de mi esposo, que de una manera abrupta tenían que entender y superar los duros tratos y el ambiente hostil donde se reencontraban con sus padres, esas caritas nunca las borraré de mi mente, las caras de mis hijos, sus lágrimas e inquietudes en espera de saber ¿cómo estaba su papá y porqué le había tocado ese duro proceso?

Momentos importantes como sus cumpleaños y navidades, no fueron lo mismo de cada año, se quedaron sin papá y sin mamá, pues la lucha debimos hacerla lejos de casa ya que a José lo llevaron a Caracas luego de radicar su caso, y nuestros hijos llenos de valor afrontaron todo esto, sin merecerlo.

Ahora disfrutamos cada instante, las cosas más sencillas para nosotros son las más importantes, reímos como nunca, nos abrazamos fuerte, compartimos todo, y ciertamente el amor jugó un papel fundamental porque no permitió que nos dividieran, dejamos tres niños en casa y hoy tenemos orgullosamente tres hombrecitos llenos de valor.

Este es un sentido homenaje a todos los niños que hoy viven la desesperanza de la injusticia.

 

 

 

 

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