Isla de Guasina: no hablarás mal de la dictadura de Pérez Jiménez

Foto: imagen ilustrativa / Tanetanae.com. 

Varias personas en Tucupita habrán escuchado la historia del campo de concentración que estaba (y aún quedan restos) en la isla de  Guasina, ubicada al frente de la actual comunidad Sacupana del municipio Antonio Díaz en el estado Delta Amacuro. Varios presos políticos fueron dejados a su suerte allí.

De acuerdo a una publicación del medio de comunicación El Universal en su versión web, «este centro fue construido por el presidente Eleazar López Contreras en el año 1939, y era utilizado -principalmente- como un campo de concentración de prisioneros nazis o fascistas, pero, 13 años después, en 1952, fue utilizado como cárcel por Marcos Pérez Jiménez, para reprimir a los civiles y políticos que -según él- cometían actos de terrorismo contra» su régimen.

Emil Navarro, un ciudadano de 63 años de edad que vive en la comunidad San Rafael de Tucupita, aseguró que no conoció personalmente este centro de reclusión, pero sí oyó diversas historias sobre lo que aconteció en ese lugar, hace varios años.

De acuerdo con  Navarro, los detenidos que fueron llevados a este campo de concentración, eran torturados. Varios de ellos fallecieron.   “Personalmente no lo viví, pero sí escuché las historias de lo que sucedía en ese lugar”, aseguró.

Varios de sus conocidos -ahora fallecido- estuvieron recluidos en ese lugar y fueron quienes le contaron algunas de las experiencias que vivieron. Ellos fueron, Domingo Carrasquero, Luis Freites y Jacinto Urrieta.

Estos hombres fueron denunciados por uno de los comisarios que estaba en San Rafael, afecto al dictador Marcos Pérez Jiménez. Sus delitos: pensar diferente, cuestionar algunas iniciativas del régimen. En la isla de Guasina  sufrieron maltratos, castigos, trabajos forzados y con poca comida.

Relató que, “antes había un comisario que caminaba de arriba para abajo, y a quien veía hablando mal del gobierno, los denunciaba. Eso fue lo que pasó con ellos”.

Emil Navarro dijo que sus conocidos le contaron que efectivamente en ese sitio existía un pozo de la muerte, donde los prisioneros que fallecían o que eran trasladados hasta allá y llegaban ya muertos, eran arrojados en ese lugar.

“Yo no lo presencié pero esa historia me llegó a los oídos por esos señores que estuvieron allá”, dijo.

Compartir contenido

Vamos a encontrarnos en Telegram https://t.me/Tanetanaedelta