Foto: archivo de Google.

Jajeruina es una comunidad warao que está en la selva deltaica, muy cerca de Curiapo, la capital del municipio Antonio Díaz en el estado Delta Amacuro, ubicada a unas cinco horas por vía fluvial de Tucupita. Allí, la mayoría de los jóvenes han preferido permanecer solteros, al menos es lo que asegura un muchacho de 18 años de edad, cuyos atributos físicos pasaban por su color de piel relativamente oscura, musculatura definida, nariz perfilada y ojos verdes.

Hombres y mujeres  presentan algunas mismas características físicas. Varias personas presumen que se debe a la mezcla entre indígenas arawakos, waraos y criollos que pasaban usualmente frente al caserío, sacando los minerales desde Ciudad Guayana hasta el océano Atlántico, en grandes barcos.

Sus habitantes no hablan el español, solo el warao. De  acuerdo con el muchacho abordado en Araguaimujo, nadie quiere casarse, ni hombres ni mujeres. Él afirma que, si bien una de las costumbres culturales del originario de Delta Amacuro es la de “juntarse” cuando la chica alcanza su primera menstruación, esto no ocurre en esa comunidad donde cada quien hace su vida independiente.

Solo unos pocos adultos mayores se han unido en parejas,  pero una nueva generación ha cambiado de parecer. El abordado argumenta que no quieren casarse “para no tener compromisos” (ka obojono jauu tanaka tamiaroi). El hecho de no irse a vivir con una chica no implica que esta camada de aborígenes no tenga sexo, aclara entre risas el joven.

Consultado por una posible formación de un núcleo familiar, este dijo tener en mente concretar esta etapa de su vida al menos llegar a la madurez, aunque admitió que algunos de sus compañeros han dejado en estado a varias mujeres, pero tampoco ha sido determinante para que se unan bajo un mismo techo. Los hombres siguen viendo por sus hijos con los trabajos más rudos, mientras que las féminas cortan la leña, amamantan al bebé y cocina en fogón; todo a chinchorro separado.

En este sentido, los pobladores han roto con una costumbre tradicional del warao sin desvincularse totalmente de su cultura, su modus vivendi sigue siendo el de convivir con la naturaleza en medio de la avasallante penetración de la globalización, que en ocasiones traspasa la barrera de su resistencia.

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