José Antonio España se enamoró del Delta

Lo de José Antonio España no es eslogan ni juego. Enamórate del Delta es un lema construido sobre la base de una opción vital.

Habiendo podido desempeñar cargos de relevancia a nivel central o mantenerse ocupado en la alta dirección de un partido nacional emergente, decidió dar la pelea en el Delta.

Con buenas y regulares experiencias en el plano electoral por estas tierras, optó por quemar las naves.

Se esperaba de Venezuela Unida que lograra aglutinar a muchos de los partidos de la oposición suave, sin embargo, al no poder pasó a formar parte como uno de los protagonistas, del juego político.

España conjuga los tiempos verbales en futuro, no habla del pasado en ruinas que nos condujo a donde estamos, ni del presente conflictivo y tortuoso en llamas que se constituyó en un verdadero camino de espinas para el pueblo venezolano; como quien mira única y expresamente el horizonte, se refiere a un aeropuerto activado, a fincas pletóricas de ganado y a inversionistas explotando debidamente el turismo.

De eso conversa con pasión, dejando entrever que quiere fundar cimientos en una tierra de promisión donde la calidad de vida y la generación de recursos prevalezcan.

Es un curioso discurso, diferente al que estamos acostumbrados, de un hombre que piensa haber descubierto su lugar en el mundo.

Mientras que otros priorizan el éxodo, las minas, el oro, el petróleo y las grandes ciudades, este hombre menudo, con maneras suaves y tono condescendiente, vislumbra un brillo diamantino en la cuna del Warao.

Sin tenerla fácil, tampoco difícil, plantó la espada, enarboló la bandera, esgrimió su escudo de armas y arropado por una divisa llamada Primero Venezuela, decidió conquistar antes que el presente, el futuro.

 

 

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