I

Los relojeros tienen la extraña virtud de jugar con el tiempo, lo detienen, lo adelantan, lo hacen girar inmerso en una bonita esfera de colores, lo convierten en dígitos, lo desaparecen.

Sin embargo, no son magos, no todo lo pueden; si así fuera, Juan José Perales habría detenido el reloj 20 años atrás y hoy le daría cuerda de nuevo, borrando de plano la irrupción del socialismo.

Propietario de la relojería Orinoco, en calle Petión, es un hombre que ha dedicado 45 años de su vida a reparar los hijos de Chronos.

Hoy solo dos lo hacen en Tucupita, y ambos luchan contra sí mismos y contra la economía que amenaza con tragarse el país, para perseverar en la profesión y sobrevivir.

Sus respuestas nos permiten entender una situación, que amenaza con eliminar el último de los oficios nobles que aun nos queda.

II

1.- ¿Cuántos años tienes desempeñándote como relojero?

J.J.P.: Aproximadamente 45 años, trabajando siempre aquí en Delta Amacuro, empecé a los 13 años en este mismo ramo hasta la actualidad.

2.- ¿Que ha cambiado este ramo, desde tus inicios hasta el momento?

J.J.P.: Lo que ha cambiado es que, precisamente no hay venta, se hace cuesta arriba reponer el inventario y al cliente le es difícil comprar el producto, entonces, se obtiene el resultado más crítico, que es no comprar, el 90% del presupuesto de la gente se le va en comida.

3.- Que hace la clientela, ¿prefiere reparar a comprar?

J.J.P.: Si, la tendencia de hoy en día es arreglar lo que se tiene, guardado o escondido o que se le dañó, que comprar uno nuevo porque, precisamente, comprar uno nuevo es demasiado costoso.

Un Seiko 5 tiene un costo de alrededor de 700/800 mil bolívares soberanos, y el sueldo mínimo está en 60 mil bolívares, pueden pasar de dos a tres años trabajando para comprarse solamente el reloj, algo que no tiene sentido.

4.- Antes solíamos observar ventas de relojes en la calle, ahora ya no se ven en ningún lado, ¿qué ha sucedido?

J.J.P.: Ya no se ven, porque el que compra un reloj te lo compra tipo fashion, si se moja, se daña, y no tiene reparación alguna; porque un reloj de gama media o gama alta es sencillamente, incomprable.

5.- ¿En qué porcentaje se redujeron tus ventas?

J.J.P.: ¿Las ventas?, a cero, tengo más de cuatros años, que no sé lo que es vender un reloj.

6.- ¿Como haces para mantener el negocio abierto?

J.J.P.: Gracias al escaso servicio que se presta, es decir, reparar relojes dañados, solo servicio de reparación.

7.- Antes había bastantes relojerías, ¿cuántas quedan?

J.J.P.: Como dos.

8.- Son prácticamente en especie en extinción.

J.J.P.: Si, muchos han cerrado por que se han ido a otros ramos.

9.- ¿Ya no le es rentable la relojería?

J.J.P.: No es rentable, sucede que uno esta “guapeando”, no queremos cerrar, no queremos bajar la santamaría, porque siempre hay clientes que prefieren usar reloj, que sacar el teléfono en la calle para ver la hora.

10.- ¿Te has sentido tentado a cambiar de ramo?

J.J.P.: Si, lo he pensado, pero todavía el agua no me ha llegado al cuello, como se dice.

11.- ¿Años atrás pudiste vivir dignamente de tu profesión?

J.J.P.: Si, mi casa tiene aproximadamente 280 metros cuadrados, construida completamente, tengo mi carrito, mis hijos estudiaron en una universidad privada.

12.- ¿Hoy en día no puedes hacerlo?

J.J.P.: No, ahorita no se puede, imposible.

13.- ¿Como le va a los relojeros en otro país, a aquellos que sepas que se han ido y siguen trabajando en la profesión?

J.J.P.: Los que vivimos en Venezuela estamos en la misma situación, a veces necesito repuestos, y el 99% de los proveedores te dice que no los hay, entonces uno recurre a los amigos relojeros y los consigue usados, y pues nada, estamos reciclando.

14.- ¿De qué manera los podría ayudar el gobierno?

J.J.P.: En mejorar la economía, es la base fundamental; no hay otra forma de que el gobierno le meta la mano de corazón a este país, que mejorando su economía.

15.- ¿Vas a morir con las botas puestas?

J.J.P.: Esa es la intención, ¿por qué hay que cambiar?, relojero hasta que me muera.

 

 

 

 

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