I

La creación de marcas tiene sus secretos. Es casi una disciplina, materia de estudio y ámbito de reflexión de enjundiosos publicistas. Es también la quimera, ‘el dorado’ tan anhelado de los empresarios.

¿Conoces alguna marca en Tucupita, que haya perdurado más de 40 años? Aunque no lo creas, la hay.

En el lugar de siempre y con la gente de siempre. Elaborada por las mismas manos que le dan consistencia hace muchas lunas.

Sin cambio de formula, ni modificación del empaque, ni logos que la identifiquen.

Artesanal y autentica, sin concentrados ni aditivos, al influjo de la más pura tradición familiar.

Con el sello del cariño verdadero, el deseo de servir, y la constancia de un hombre y una mujer forjados en el trabajo y la brega cotidianas.

Sostén de una estirpe e impronta del hogar.

Que otro producto podría ser, que “la chicha mágica de Mata”.

II

Tomado del libro: Hombres en la historia contemporánea del Delta, con autorización expresa de su autor, el Dr. Abraham Gómez, miembro de la Academia Venezolana de la Lengua.

“El que quisiere tener salud en el cuerpo, procure tenerla en el alma”.

Francisco de Quevedo. Escritor Español.

Abraham Goméz (A.G).- Hace una pausa en su faena de cada día en la bodega, nos recibe con inmenso cariño junto a su esposa la señora Diana, y comenzamos a dialogar con el señor Juan Antonio Marta Medina: en cuáles tiempos cree usted que se ha vivido mejor, por las condiciones sociales, económicas, ¿antes en su juventud, en su mocedad, en su proceso de formación o ahora?

Juan Mata (J.M).– Creo que las cosas han cambiado un poco, porque antes todo era más cómodo, era más económico, las cosas se conseguían, ahora para conseguir algo, un artículo usted tiene que hacer milagros.

En ese empeño que siempre tuvo desde su infancia, en su adolescencia, se inclinó por el comercio, pero no haber sido así, ¿qué le hubiera gustado estudiar?

J.M.- Bueno, lo que pasa es que las oportunidades no se presentaron, ya había un compromiso de familia, y me dedique al pequeño comercio el cual tiene cuarenta años.

A.G.- Yo, conozco que lo de la chicha mágica viene de su esposa Diana, que la hacía para el almuerzo y usted le dijo que hiciera suficiente para ponerla también a la venta. ¿No le voy a pedir que revele el secreto de la chicha, pero si nos puede decir, por qué gusta tanto esa chicha a la gente?

J.M.- Es que lo hace con amor, con una preparación única, rica, en todos los aspectos, sobretodo en limpieza… esa es una de las cosas que hace que el alimento, el producto vaya hacia adelante.

A.G.- De ese niño travieso que correteaba por allá por Cocuina, tumbaba mangos, que se metía en el caño, que ayudaba al papá en las labores agropecuarias… ¿qué recuerda ahora, cuando han pasado tantos años?

J.M.- La niñez está presente toda la vida, uno no se olvida de esos días de travesura. Me zumbaba al río desde el barranco (amplias carcajadas).

A.G.- ¿Cómo aprendió la música, señor Juan, el cuatro, la guitarra, la mandolina; de dónde le vino esa afición para acompañar a los galeronistas; cómo llegó a hacerse también con interpretaciones y composiciónes?

J.M.- Desde muchacho me gustó la música. Consulté con mi papá un día, y me dijo “no amigo, usted lo que va a aprender es para borrachitos”.

A.G.- Y de los compañeros que iban con usted a galeronar, ¿los recuerda? Sabemos que estaba el señor Marcos Urbáez.

J.M.- Exactamente. También estaba un señor en Cocuina, que tocaba el cuatro que era muy bueno.

A.G.- Recuerda su nombre?

J.M.- No, no, que va, ya no… Pero, quien me hizo la cartilla, fue un señor de la Boca de Cocuina, que tenía una uña que para toca cuatro, bueno que le cuento.

A.G.- Qué llama usted la cartilla?

J.M.- La cartilla es donde están las anotaciones… las notas musicales… el nombre de cada nota.

A.G.-Y esa canción que usted compuso que lo hizo muy famoso. ¿De dónde le vino la inspiración?

J.M.- Una vez, tarareando el cuatro un día aquí, dije…” Caramba, y porque no le saco algo a Cocuina”. Que es mi tierra natal, mi niñez, mis travesuras y así. Yo le puse la música, pero otra persona allegada le puso la letra.

A.G.- ¿Allá en sus años mozos en El Tigre, en la Bodega La Esperanza, siendo joven y bien parecido, era usted muy enamorado?

J.M.- Ellas se enamoraban de mí… (carcajadas).

A.G.- ¿Cual es el gran secreto para la conquista?

J.M.- El secreto es el comportamiento de cada ciudadano. Si usted es una persona áspera, amargada, qué se te va pegar. No se te pega ni una garrapata.

 A.G.- Cómo se siente ahora, con tantos años vividos; ¿que está al frente de su negocio, con la ayuda de Dios, de su esposa, de sus hijos?

J.M.- Me siento feliz y realizado en la vida. Espero que Dios me de unos diitas más y que me deje trabajar hasta el último día, como yo se lo he pedido.

A.G.- ¿Y de salud, como esta… Señor Juan?

J.M.- Perfectamente bien, bien. A mí me operaron de la próstata, ya hace siete años, y quedé perfectamente bien.

A.G.- ¿Ya no agarra la guitarra, la mandolina?

J.M.- Sí, como no, a veces agarro, una guitarra, un cuatro. Me tomo un wiskicito cada vez que hay cumpleaños.

A.G.- ¿Y canta?

J.M.- También le doy.

A.G.-  Señor, Juan, a la juventud que quiere seguirlo a usted como ejemplo de formación, respeto y dignidad, ¿qué le dice?

J.M.- A la juventud, los de ahora que no se dejen torcer ese camino por lo malo; que busquen el camino del bien y de la esperanza y la felicidad de cada persona y de cada familiar.

A.G.- Nos gustaría que se representara así mismo en una expresión o en una palabra. ¿En tantas que usted ha pronunciado en su vida… porque uno a veces dice yo me parezco a esta palabra y esta palabra se parece a mí… Cual expresión lo identifica?

J.M.- Hacer el bien y no mirar a quién.

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